“Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante”, extraída de “El oficio de vivir”, del Cesare Pavese, era la cita que proponíamos esta semana a nuestros oyentes. Y con ella, les invitábamos, a reflexionar acerca de la vida como celebración de lo cotidiano: porque, que nos despertemos cada mañana y que nuestro cuerpo, siendo algo tan complejo, funcione, —aunque con nuestros achaques—, es un milagro, o que le demos al interruptor de la luz y se encienda la bombilla, o que levantemos la manivela del grifo y salga agua potable es algo que damos por sentado, pero no lo es…
“El oficio de vivir” de Cesare Pavese, quizá sea una de sus obras más valiosas y, sin duda, recomiendo su lectura a quienes se quieran dedicar a escribir. Y la cita elegida viene de un párrafo que dice así:
«La única alegría en el mundo es comenzar. Es bello vivir, porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta este sentimiento —prisión, enfermedad, costumbre, estupidez—, querríamos morirnos».

Y es que, hay escritores que inventan mundos y luego están quienes intentan comprender por qué este sigue girando o por qué pesa tanto y Pavese, sin duda, pertenecía a los segundos. Nacido en el Piamonte rural en 1908, fue poeta, novelista y traductor, entre otros, de Melville, Dos Passos, Faulkner o Hemigway, además de uno de los grandes intelectuales italianos de la posguerra. Estas traducciones tuvieron una enorme influencia sobre su estilo: economía expresiva, sobriedad, predominio de la acción concreta, diálogo contenido, y rechazo de la retórica excesiva. Algo que también queda reflejado incluso en su poesía. Prueba de ello es su famoso poema “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, que ha sido cantado tantas veces.
En 1935 fue arrestado por el régimen fascista y enviado al confinamiento político en Calabria. Y esa experiencia será un temas esencial en su obra.
Entre sus principales obras narrativas destacan sus cuentos y las novelas: La luna y las fogatas, Un bello verano, Entre mujeres solas, La casa en la colina y Diálogos con Leucó.
Pavese fue un observador obsesivo de la experiencia humana.
En él, la literatura nunca aparece separada de la vida y escribir no era una profesión, sino una forma de resistencia. De su diario se desprende la idea de que la infancia no termina nunca. En una de las entradas dice: “Cambian las ciudades, los cuerpos, los trabajos. Pero seguimos buscando el mismo lugar donde alguna vez sentimos que el mundo tenía sentido.”

Yo lo descubrí hace ya muchos años y regreso a él de vez en cuando porque habló de algo que todavía nos acompaña: la dificultad de habitar el mundo sin sentirnos extranjeros en él. Y porque entendió que escribir no consiste en adornar la vida, sino en mirarla hasta el fondo y a eso me gustaría invitar a nuestros oyentes esta semana con la cita de hoy.
En 1950 recibió el Premio Strega, el más importante de Italia. Ese mismo año se suicidó en la habitación 49 del hotel Roma de Turín, tal vez, como escribió Italo Calvino, “se quitó la vida para que nosotros aprendiéramos a vivir”.
La última anotación de “El oficio de vivir” quedó como una de las frases más estremecedoras de la literatura europea contemporánea:
“No palabras. Un gesto. No escribiré más.”
Os dejo el enlace al programa:
https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia?cat=32571