La última palabra


DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA

Hoy, en el día de la poesía, no traigo certezas, ni respuestas que puedan acallar el ruido del mundo. Traigo apenas un puñado de palabras. Porque mientras la barbarie alza la voz, yo elijo este gesto mínimo: nombrar lo que aún late, defender lo que aún es humano.

Este poema no detiene balas, pero es mi manera de resistir. No cambiará el mundo, pero es mi manera de negarme a aceptar su oscuridad, mi humilde forma de estar, de no mirar hacia otro lado, de creer —todavía— que la poesía y el amor también saben ganar. ¡Viva la poesía!

La última palabra

La poesía anida en los cables cortados del lenguaje

Y cuando todo parece perdido, ella vuelve a vencer,

mastica el hierro de las balas
y escupe pájaros encendidos, en mitad del humo.

Guarda lo frágil, lo que no sale en los mapas,
lo sostiene en silencio, para que no desaparezca

y recoge sílabas caídas, como quien junta agua

en mitad de un incendio que no cesa.

Nos enseña a escuchar lo que no grita,

a quedarnos quietos cuando todo empuja a huir,

a mirar despacio —como si el mundo

no fuera desechable ni urgente.

En tiempos de prisas y escaparates,

donde todo se compra y se olvida,

ella nos obliga a mirarnos en los ojos del otro

sin traducirlos a nuestra medida.

A habitar, aunque duela,

la intemperie de lo que somos.

Y de pronto las palabras dejan de ser ruido,

para ser puente, abrigo, grieta por la que respirar.

Porque quizá resistir no sea alzar la voz,

sino saber callar para escuchar mejor,

perder las costumbres para dar paso a la improvisación,

y recordar —en medio del absurdo—

que aún podemos nombrarnos, sin que duela

entendernos en el idioma de los gestos mínimos,

saber que entre ruinas, el amor escribirá la última palabra.

© Laura Santiago Díaz. Marzo de 2026


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