La cita que os propongo esta semana en La Versalita es escribir a partir del título de una de las novelas de la gran autora salmantina Carmen Martín Gaite: “Lo raro es vivir”. El reto es que lo hagáis a partir de lo primero que os evoque ya que es una entrada muy sugerente —os recuerdo que debe ser un texto de no más de 8 líneas, que debéis enviar a laversalita@rtva.es.
Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925 – Madrid, 2000), habría cumplido 100 años el pasado 8 de diciembre y no quería terminar el año sin dedicarle un programa a la gran Carmiña, a la que admiro desde que leí, hace ya mucho tiempo, sus primeros libros.
Fue una completa intelectual, además de una fantástica novelista, cuentista, poeta, historiadora ensayista, y guionista que además, se volcó en sus cuadernos y en una obra impresionante para revelar no sólo su mundo interior sino también su particular visión de la cultura española de la segunda mitad del s. XX.
Era una mujer pasional, y muy humilde —algo que yo admiro profundamente, a pesar de ser una de las autoras nacionales más premiadas—. Alguien a quien la vida le enseñó muy pronto que a veces, en lo oscuro, en lo complicado, se toca la verdad, y que a pesar de ello, nunca perdió su amor por la vida ni su sentido del humor.

Ilustración: Nora Luque Santiago
En 1954 publicó recibe el Premio Café Gijón por El balneario.
En 1958 el Premio Nadal por Entre visillos
En el 63 queda finalista del Premio Biblioteca Breve por Ritmo lento.
En el 88 recibió el Premio Príncipe de Asturias, y en el 94, de nuevo el Nacional de Literatura, esta vez, por el conjunto de su obra.
Novelas como Nubosidad variable (1992), La Reina de las Nieves (1994), que dedicó a hija Marta, o Irse de casa (1998), culminaron una intensa carrera literaria.
Víctor García de la Concha siempre habló de ella como académica in pectore, ya que, pese a los intentos de incorporarla a la Real Academia Española por parte de sucesivos directores —Rafael Lapesa, Pedro Laín, Fernando Lázaro Carreter o él mismo—, ella siempre se resistió a formar parte de esta institución. Por cierto, hay un documental fantástico, que repusieron hace unos días en la 2, titulado como uno de sus últimos libros: “La Reina de las Nieves”, dirigido por Mariela Artiles, que os recomiendo, si aún no lo habéis visto (está en rtvaplayer).
Martín Gaite nació en el seno de una familia acomodada. En su primera infancia, ni ella ni sus hermanas fueron al colegio, pero sí recibieron clases particulares de Dibujo, Idiomas y Cultura General, y fue su padre quien, en realidad, le inculcó a la escritora su afición por el arte, la historia y la literatura. Ella contaba que por su casa pasaban los grandes intelectuales de la época: entre ellos, Unamuno.
En plena Guerra Civil, cursó el bachillerato, en el instituto femenino de Salamanca. En 1943 comienza Filología Románica, que culminó con Premio Extraordinario.
Y a finales del 48 viaja a Madrid donde entra en contacto con la llamada “Generación de Medio Siglo” a través de Ignacio Aldecoa, Fernández Santos, Medardo Fraile, Josefina Rodríguez, Alfonso Sastre y Rafael Sánchez Ferlosio; con quien años después contrae matrimonio.
Tienen un hijo, Miguel, que fallece con tan solo 7 meses por una meningitis. Eso la deja muy marcada, como años después, lo hará la muerte de su segunda hija, Marta, que fallecerá de SIDA a los 28 años.
Pero ella no se rindió.
En sus magníficos cuadernos, encuentra un refugio donde la vida se detiene y se construye, permitiendo transformar la realidad y el yo a través de la palabra, ya sea al narrar la propia vida o al crear ficción.

En el prólogo de sus “Páginas escogidas”, editadas por Siruela, José Teruel lo resume de una forma bellísima cuando escribió:
Martín Gaite convirtió el sufrimiento y la incertidumbre en palabra. Supo reencarnar el viejo mito de la imaginación romántica, tan exacto como difícil de explicitar: lo que perjudica al ser humano beneficia al creador.
Y ella, afirmó con rotundidad en muchas de las entrevistas que concedió:
«De todos los trances amargos que he pasado en la vida, siempre me ha salvado la palabra, la palabra escrita o dicha. La literatura nos salva la vida«.
Y hoy quería hablar de cómo escribir puede ser, como decía también Carmiña, un refugio y una isla, un espacio donde el tiempo se detiene y una se olvida del mundo.
Porque al final, como decía la autora en El cuento de nunca acabar: «Uno es lo que narra y cómo lo narra», y animaba a ver la propia vida con la fascinación de la ficción, y con esa vitalidad que la caracterizaba la escuchamos decir en más de una entrevista, «mientras dure la vida, sigamos con el cuento», y desde aquí, como cada semana, yo también os invito a que sigáis escribiendo, como hasta ahora y a que os dejéis llevar por ese título tan sugerente pues estoy segura de que Carmen, allá donde esté, va a recibir con el mismo entusiasmo que nosotros, todos vuestros relatos.

Si queréis escuchar el programa completo, podéis acceder desde el siguiente enlace: