«La cita que transita», Sylvia Plath (domingo, 31 de mayo de 2026)

Los versos de Sylvia Plath: “Ahora, que me he perdido a mí misma, estoy harta de equipajes”, de su poema “Tulipanes”, (escrito en 1961), son la propuesta que hemos elegido esta semana para animar a escribir a nuestros oyentes.

Y les planteamos escribir acerca de qué equipajes llevan, qué pesos, o qué versión de sí mismas o de sí mismos quisieran olvidar o bien, una breve carta dirigida a esa carga de la que se despiden…

La vida y la obra de Sylvia Plath parecen escritas con la misma tinta: una mezcla de belleza y de furia que a veces duele.

La autora nació en Boston, en 1932, y desde muy joven entendió que las palabras podían ser refugio y espejo, pero también abismo.

Escribió como quien intentaba descifrar un sueño antes de despertar. En sus poemas hay abejas, lunas, hospitales, nieve, sangre, maternidad y silencio. Pero sobre todo hay una voz ferozmente viva que convirtió la intimidad en un territorio literario.

Mucho antes de que el mundo hablara de vulnerabilidad o de salud mental con naturalidad, ella escribió sobre la depresión, el miedo, el cuerpo y la muerte con una sinceridad casi insoportable. No buscaba consolar, sino decir la verdad.

Su única novela, “La campana de cristal”, retrata la asfixia emocional de una joven brillante, separada del mundo por una transparencia cruel. El libro, profundamente autobiográfico, se convirtió con los años en una obra de culto para generaciones enteras, que encontraron en sus páginas el eco de una angustia que rara vez se nombraba.

Pero fue en la poesía donde la autora alcanzó una intensidad única. En poemarios como Ariel, publicado de manera póstuma, las palabras arden. Sus versos son precisos, salvajes y eléctricos y te da la sensación de que cada poema ha sido escrito al borde de un precipicio.

Su relación con el poeta Ted Hughes marcó buena parte de su vida y de su obra. Amor, admiración, traición y ruptura convivieron su relación en una historia tan intensa como dolorosa. Y alrededor de ella creció también el mito: el de la poeta brillante, atormentada, imposible de separar de su tragedia.

Sylvia Plath falleció en Londres en 1963. Tenía apenas treinta años cuando se quitó la vida, metiendo la cabeza en un horno de gas, pero décadas después, sus poemas siguen emocionándonos. Porque leerla es escuchar a alguien que convirtió su oscuridad en lenguaje. Y, desde ese lugar frágil y feroz, logró escribir algunos de los versos más desgarradores del siglo XX.

Por eso, esta semana les sugiero que escriban sobre aquello que les pesa y que ya no quieren cargar porque, tal vez, la literatura empiece exactamente en ese momento de liberación.

Podéis escuchar el programa en el siguiente enlace:

https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia?shared_content=369441&autoplay=1&muted=1

«La cita que transita», Cesare Pavese (domingo, 24 de mayo de 2026)

“Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante”, extraída de “El oficio de vivir”, del Cesare Pavese, era la cita que proponíamos esta semana a nuestros oyentes. Y con ella, les invitábamos, a reflexionar acerca de la vida como celebración de lo cotidiano: porque, que nos despertemos cada mañana y que nuestro cuerpo, siendo algo tan complejo, funcione, —aunque con nuestros achaques—, es un milagro, o que le demos al interruptor de la luz y se encienda la bombilla, o que levantemos la manivela del grifo y salga agua potable es algo que damos por sentado, pero no lo es…

“El oficio de vivir” de Cesare Pavese, quizá sea una de sus obras más valiosas y, sin duda, recomiendo su lectura a quienes se quieran dedicar a escribir. Y la cita elegida viene de un párrafo que dice así:

«La única alegría en el mundo es comenzar. Es bello vivir, porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta este sentimiento —prisión, enfermedad, costumbre, estupidez—, querríamos morirnos».

Y es que, hay escritores que inventan mundos y luego están quienes intentan comprender por qué este sigue girando o por qué pesa tanto y Pavese, sin duda, pertenecía a los segundos. Nacido en el Piamonte rural en 1908, fue poeta, novelista y traductor, entre otros, de Melville, Dos Passos, Faulkner o Hemigway, además de uno de los grandes intelectuales italianos de la posguerra. Estas traducciones tuvieron una enorme influencia sobre su estilo: economía expresiva, sobriedad, predominio de la acción concreta, diálogo contenido, y rechazo de la retórica excesiva. Algo que también queda reflejado incluso en su poesía. Prueba de ello es su famoso poema “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, que ha sido cantado tantas veces.

En 1935 fue arrestado por el régimen fascista y enviado al confinamiento político en Calabria. Y esa experiencia será un temas esencial en su obra.

Entre sus principales obras narrativas destacan sus cuentos y las novelas: La luna y las fogatas, Un bello verano, Entre mujeres solas, La casa en la colina y Diálogos con Leucó.

Pavese fue un observador obsesivo de la experiencia humana.

En él, la literatura nunca aparece separada de la vida y escribir no era una profesión, sino una forma de resistencia. De su diario se desprende la idea de que la infancia no termina nunca. En una de las entradas dice: “Cambian las ciudades, los cuerpos, los trabajos. Pero seguimos buscando el mismo lugar donde alguna vez sentimos que el mundo tenía sentido.”

Yo lo descubrí hace ya muchos años y regreso a él de vez en cuando porque habló de algo que todavía nos acompaña: la dificultad de habitar el mundo sin sentirnos extranjeros en él. Y porque entendió que escribir no consiste en adornar la vida, sino en mirarla hasta el fondo y a eso me gustaría invitar a nuestros oyentes esta semana con la cita de hoy.

En 1950 recibió el Premio Strega, el más importante de Italia. Ese mismo año se suicidó en la habitación 49 del hotel Roma de Turín, tal vez, como escribió Italo Calvino, “se quitó la vida para que nosotros aprendiéramos a vivir”.

La última anotación de “El oficio de vivir” quedó como una de las frases más estremecedoras de la literatura europea contemporánea:

“No palabras. Un gesto. No escribiré más.”

Os dejo el enlace al programa:

https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia?cat=32571

«La cita que transita», Lana Corujo (domingo, 10 de mayo de 2026)

“Lo que no se puede llegar a recordar se olvida o se inventa”, extraída de “Han cantado bingo”, de Lana Corujo, es la cita que ponemos a transitar en este programa y con ella, quiero abrirles a los oyentes una pequeña puerta, como la que nos abre la poeta canaria, que debuta en narrativa con en esta curiosa novela, “Han cantado bingo”, que está conformada por voces y por estancias donde el pasado se queda suspendido como el polvo cuando cae la luz en esas interminables tardes de verano de la infancia.

Se trata de una historia que dibuja el mapa emocional de una niña que observa más de lo que puede comprender y que, después de una tragedia familiar, intenta encontrar su lugar entre la culpa, el deseo de protección y la necesidad de construir un relato propio sobre lo vivido.

Un libro que, además, no avanza en línea recta, sino como lo hace la memoria: a golpes de intuición, de elipsis y de difuntos que no terminan de marcharse. La autora crea un juego en el que involucra al lector, para poder seguir la historia y junto al título de cada capítulo, coloca un número, que equivale a la edad que tiene la protagonista en el momento en el que narra ese fragmento (del 1 al 90, como los del bingo).

Está narrada en primera persona y la voz, se adapta a la madurez o a la ingenuidad del personaje según su edad y  momento vital.

Otro aspecto interesante es que el dialecto canario aparece a lo largo de toda la narración, lo que establece un estrecho vínculo con Lanzarote, que es donde transcurre la historia.

De sus páginas se desprende la ternura de una relación fraternal que emerge de donde parece imposible, sin hurgar en la herida ni caer en el victimismo, con ese humor blanco que caracteriza a la inocencia.

Y con la cita de hoy, invito a nuestros oyentes a reflexionar acerca de: ¿qué hacemos con aquello que ya no podemos recordar del todo?

Porque tal vez, escribir sea exactamente eso. Tender un puente entre lo vivido y lo soñado. Completar con palabras los huecos que deja la memoria.

Puede ser un una conversación que nunca tuvo lugar, un recuerdo falso que, aun así, duele como si hubiera sucedido, porque a veces inventar, también es una forma de recordar y unas pocas líneas bastan para encender una vida entera.

Porque hay recuerdos que desaparecen y otros que sólo sobreviven o solo existen cuando alguien se atreve a escribirlos. Hay un tema del último disco de Fito, “Los cuervos se lo pasan bien”,  en el que dice “Y me inventé una vida porque sino tendría que haber copiado la de cualquiera”.

Podéis escuchar el programa completo en el siguiente enlace:

https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia?cat=32571

«La cita que transita», Richard Wagner (domingo, 3 de mayo de 2026)

«Querida madre, sé que si todo lo demás me abandonara, seguirías siendo mi último refugio», extraída de “Carta de Richard Wagner a su madre”, publicada en el libro “Cartas a la madre”, Edición de Nicolas Bersihand, es la cita que proponemos hoy en La Versalita.

Y hoy, que celebramos el Día de la Madre, una fecha que, más allá de lo simbólico o lo comercial, nos invita a detenernos en una figura que la literatura ha explorado con una intensidad inagotable.

Y si algo nos enseña la literatura contemporánea es que ya no basta con idealizarla. Porque la madre no es solo un personaje: es origen —el primer hogar—, es refugio, sacrificio y a veces, herida. Una figura compleja, llena de matices y contradicciones.

La Literatura, poco a poco, ha ido desmontando el mito de la madre perfecta que, aunque haya sido tierra fértil en los versos y pan compartido en las novelas, con el tiempo nos ha enseñado que también hay distancia, cansancio, incluso rechazo. Que maternar no siempre es un acto luminoso, sino también un territorio de conflicto.

Y esta semana, Mariló, me gustaría proponerles a los oyentes escribir una brevísima carta a la madre, en la que le resuman aquello que le dirían si solo contaran con diez o doce líneas para poder expresarlo.

En “Cartas a la madre”, editado por Nicolas Bersihand y publicado por Penguin, se recogen más de cien cartas escritas por personajes célebres, que van desde Mª Antonieta, hasta Mozart, Eugenia de Montijo, Lorca, Machado, Emily Dickinson, Proust, Flaubert, Freud o Gabriela Mistral.

Algunas son verdaderas declaraciones de amor, de las que se desprende ternura, emoción y gratitud, mientras que otras, están llenas de confidencias, secretos, reproches o mensajes de duelo. Con algunas me emocionado y con otras me he divertido muchísimo, como con la de Verlaine, escrita el 4 de julio de 1873, que puerilmente, comenzaba su misiva diciéndole: “Madre, ¡He decidido matarme si mi mujer no viene en tres días!… Pero todas ponen de manifiesto que, en cualquier época y circunstancia, el vínculo materno es único y eterno.

Y quizá por eso sigue siendo un tema tan poderoso: porque en la maternidad se cruzan el umbral y la identidad, el amor y la pérdida, lo que somos… y a veces, lo que intentamos dejar atrás.

Y tal vez hoy, en este Día de la Madre, la mejor forma de celebrarlo no sea idealizar, sino comprender. Leer a las madres en la literatura como lo que son: personajes vivos y complejos, que nos ayudan a entender mejor nuestras propias historias.

Si quieren escuchar el programa, pueden hacerlo en el siguiente enlace:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2270392