Este domingo, en “La versalita”, hemos dedicado unos minutos de La Cita que Transita a recordar a Sebastián Lasaosa Rogers, un joven cineasta que nos dejó el pasado año, y que siempre tuvo claro que el cine era el púlpito desde el que predicaba, y os propongo que le dediquemos nuestros textos a su memoria. La frase que proponemos está extraída de “Claros del bosque”, de la gran filósofa malagueña, María Zambrano: «Vivir es ir hacia lo que no se sabe»,
El 27 de abril, a las 18:30h. se proyectará en el Ateneo de Málaga su premiado documental “Liberando a Juanita”, y esperamos vuestra asistencia.
La cita de esta semana es de la gran María Zambrano, y está extraída de su obra “Claros del bosque” (escrita en 1977), quizá una de sus obras más líricas y profundas, donde desarrolla su idea acerca de la «razón poética» y del conocimiento, como revelación íntima.
La filósofa malagueña, nacida en Vélez Málaga en abril de 1904, fue discípula del pensamiento y de la vida y caminó entre la razón y la poesía para ofrecernos una forma distinta de comprender el mundo: una manera de pensar que escucha, que siente y que se abre a lo invisible.
Su vida estuvo marcada por el exilio, el silencio y la búsqueda. Y quizá por eso su pensamiento tiene algo de paseo lento, de mirada que se detiene y de palabra que nace con cuidado. En su obra, la filosofía deja de ser solo argumento para convertirse en experiencia.
En Claros del bosque, que para mí es una de sus obras más hermosas, nos invita a entrar —o mejor dicho, a despertar— en esos espacios de claridad que aparecen en medio de la espesura de la vida. Los claros del bosque son momentos de revelación, instantes en los que algo se ilumina, aunque sea brevemente, y nos permiten comprendernos de otra manera.
Y no son respuestas definitivas, sino destellos.
No son certezas absolutas, sino intuiciones.
Pausas donde el pensamiento respira y la vida se deja escuchar.
En tiempos de ruido y prisa, la voz de la autora nos propone algo sencillo y, a la vez, profundamente transformador: detenernos para permitir que la vida nos sorprenda.
Por eso, con la cita de hoy, quiero invitaros a abrir ese claro personal, y a dejar que esta frase resuene porque, como nos enseñó Zambrano, a veces la verdadera comprensión nace cuando nos atrevemos a avanzar hacia lo desconocido.
Os recuerdo que podéis enviar vuestros microrrelatos, (de no más de 7 u 8 líneas a laversalita @rtva.es), hasta el próximo viernes por la mañana.
«Quien vive demasiado tiempo consigo mismo corre el riesgo de dividirse», extraída de “Novela de ajedrez”, de Stefan Zweig, es la cita que proponemos esta semana y con ella, les sugiero a nuestros oyentes un ejercicio muy interesante, que es trabajar el conflicto interior.
Para ello, les recomiendo que imaginen a un personaje que haya pasado mucho tiempo en soledad, por cualquier razón, y que como consecuencia, empiece a sentir que dentro de él conviven dos versiones de sí mismo: por ejemplo, una que represente la razón y otra que represente el deseo (o cualquier otro contraste: miedo/valentía, pasado/futuro, orden/caos). Y por supuesto, podéis hacerlo en tono de irónico, surrealista, dramático, etc.
Y podríamos decir que hay escritores que cuentan historias, y otros que saben explorar y traducir el alma humana, y el autor del que hablamos hoy, Stefan Zweig pertenece a estos últimos. Nacido en la Viena brillante de principios del siglo XX, fue testigo del derrumbe de un continente culto y confiado que desapareció entre guerras, exilio y desarraigo. Esa pérdida marcó profundamente su obra, atravesada siempre por la fragilidad psicológica y la soledad del ser humano.
Judío y exiliado, se encontraba profundamente deprimido por la situación de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y por lo que él percibía como el fin de la cultura europea que tanto admiraba. Prueba de ello es que en “El mundo de ayer”, su autobiografía, escribió: «Nunca he amado tanto a nuestra vieja Europa como en el momento en que debía abandonarla».
El 22 de febrero de 1942 en Petrópolis, Brasil, decide poner fin a su vida, junto a su esposa, Lotte Altmann, ingiriendo una caja de barbitúricos. En su carta de despedida expresó su desesperanza ante el futuro y su cansancio tras años de exilio, un final trágico que contrasta con la lucidez y sensibilidad de su obra literaria.
En «Novela de ajedrez», escrita poco antes de su muerte, Zweig condensa esa angustia. La historia de un hombre aislado por la Gestapo, sin contacto humano, sin libros, sin tiempo, se convierte en una inquietante exploración de la mente. Para sobrevivir al vacío, el protagonista comienza a jugar al ajedrez contra sí mismo, gracias a un libro que consigue robar, en un descuido, de la chaqueta de uno de los soldados que le interrogan. Es en ese momento cuando aparece una de las frases más reveladoras de la novela, la cita de hoy: «Quien vive demasiado tiempo con uno mismo corre el riesgo de dividirse».
No es sólo una reflexión literaria, sino una advertencia. El autor sabía bien que el ser humano necesita del otro para mantenerse entero. En esa partida interior, el ajedrez se convierte en metáfora del siglo XX, pero también del conflicto más íntimo: la lucha por no fracturarse frente a la soledad.
Y con ella esta semana, os reto a trabajar la tensión psicológica de vuestros personajes paramostrar lo que ocurre dentro, algo que hicieron tan bien Virginia Woolf, Clarice Lispector, Stefan Zweig, Dostoyevski o Proust, entre otros muchos.
Os dejo el enlace al programa de hoy: https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2266087
“Seguir adelante es la única victoria posible”, una cita extraída de la novela “Ana No”, de Agustín Gómez Arcos, era la frase que proponíamos esta semana a nuestros oyentes, invitándoles a escribir una historia breve en la que llevaran a su personaje a una situación límite, una circunstancia extrema de la que, de alguna manera, logre salir victorioso. Porque, como nos recuerda la protagonista de Ana no, incluso en los momentos más difíciles, resistir ya es una forma de vencer.
Y hoy quiero compartir un consejo para quienes me preguntáis cómo acortar vuestras historias. Hay muchas formas de depurar un texto, pero quizá la más importante es recordar que a escribir se aprende borrando. Hace falta oficio, paciencia y dedicarle horas. Como decía Blaise Pascal en aquella famosa frase: “Perdona que te escriba esta carta tan larga, es que no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Y es que la brevedad exige precisión. Y como los textos que enviáis al programa deben ser breves, lo ideal es que el conflicto aparezcan ya desde el principio, en la 1ª o, como mucho, en la 2ª línea. Por ello, os recomiendo comenzar “in media res”, es decir, en mitad de la acción: cuando el personaje ya tiene el agua al cuello, está huyendo, a punto de saltar o enfrentándose a una decisión irreversible. Por ejemplo: “En aquel momento supe que si soltaba su mano, la perdería para siempre”. De este modo, atrapáis al oyente o al lector desde el primer instante.
Y precisamente de resistencia supo mucho Agustín Gómez Arcos, el autor que inspira la cita de esta semana. Nacido en Enix, Almería, en 1933, su vida estuvo marcada por el exilio y la lucha por la libertad. Triunfó en Francia y, sin embargo, durante muchos años fue injustamente olvidado en España, donde quedó arrinconado entre los llamados escritores malditos. Afortunadamente, en las últimas décadas su obra ha sido recuperada y hoy está considerado como una de las voces más importantes del exilio literario español.
Durante los años sesenta, Gómez Arcos comenzó escribiendo teatro en nuestro país, pero sus obras fueron censuradas. Ante esa falta de libertad, decidió exiliarse a París en 1966. Allí comenzó una nueva etapa, escribiendo directamente en francés y alcanzando un gran reconocimiento internacional. De hecho, en Francia cada nueva novela se recibía con un curioso ritual: el chófer del presidente de la República acudía a su casa para recoger un ejemplar dedicado, ya que François Mitterrand admiraba profundamente a aquel autor español que escribía en francés, quizá porque su voz nacía desde la herida y la dignidad.
Leer a Agustín Gómez Arcos es asomarse a una literatura valiente, necesaria y profundamente humana. Una escritura que nace desde la herida, pero también desde la resistencia.
Su exilio fue decisivo tanto en su vida como en su escritura. Desde fuera de España desarrolló un estilo duro, directo y profundamente poético, centrado en la memoria, la injusticia, la represión y el sufrimiento tras la Guerra Civil. Sus novelas, “Ana no”, “El cordero carnívoro”, “María República” “El niño pan” o “El ciego”, entre otras, están protagonizadas, a menudo, por personajes marginados, silenciados o derrotados, pero dotados de una enorme decencia.
Y esa idea es la que quiero trasladaros esta semana: llevad a vuestro personaje a una situación límite, haced que resista, que se enfrente al miedo, que encuentre dignidad incluso en la derrota. Porque, a veces, resistir… ya es una forma de vencer.
Y como siempre, os dejaré más información en mi blog: laurasantiagodiaz.es.
¡Ánimo con esos relatos!
(Gómez Arcos murió como un escritor prestigioso y fue enterrado en el cementerio de Montmartre. Publicó 14 novelas en francés, recibió numerosos premios literarios y fue condecorado con la Orden de las Artes y las Letras francesas en grado de caballero y, posteriormente, de oficial. Además, su obra forma parte del programa educativo de los liceos franceses, algo que demuestra el reconocimiento que alcanzó fuera de nuestras fronteras).
Su exilio fue decisivo tanto en su vida como en su escritura. Desde fuera de España desarrolló un estilo duro, directo y profundamente poético, centrado en la memoria, la injusticia, la represión y el sufrimiento de los vencidos tras la Guerra Civil. Sus novelas están protagonizadas a menudo por personajes marginados, silenciados o derrotados, pero dotados de una enorme dignidad.
Entre todas sus obras destaca Ana no, publicada en 1977. La novela narra el viaje de una mujer de 75 años que atraviesa España para visitar a su hijo encarcelado tras la guerra. Durante ese recorrido, la protagonista recuerda la muerte de su marido y de otros hijos, víctimas de la violencia y la represión. Es una obra breve pero intensa, escrita con un lenguaje contenido, casi austero, que transmite una enorme carga emocional. A través de ese viaje, Gómez Arcos construye un poderoso retrato de la posguerra española, donde la memoria, la dignidad y la resistencia se convierten en los grandes temas que atraviesan la historia.
Además de esta novela, nos dejó una obra breve pero muy intensa, con títulos como El cordero carnívoro, una novela provocadora sobre la represión moral y la violencia familiar en la España franquista; María República, que encarna la memoria de la Segunda República y la derrota tras la Guerra Civil; Escena de caza (furtiva), donde una cacería se convierte en metáfora de la violencia y el abuso de poder; El niño pan, que retrata la infancia marcada por el hambre y la pobreza de la posguerra; Un pájaro quemado vivo, sobre la persecución y la marginación social; o El ciego, una de sus últimas novelas, donde reflexiona sobre la memoria y la identidad.
Os dejo el enlace al programa: https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2261514