Ago, 2020
La edición 156 de la revista Resonancias me dedica un espacio en su sección de poesía.
Los poemas de Laura Santiago se nutren del recuerdo
La poesía de Laura Santiago se caracteriza por sacudir las emociones del lector, recordándonos que con los años el tiempo deja de ser inofensivo. Su último libro lo abre con una cita de García Márquez: “recordar es fácil para el que tiene memoria, olvidarse es difícil para quien tiene corazón”. A lo largo de su trayectoria como poeta, la autora bucea en esas otras realidades posibles, en esos recuerdos que se confunden con cosas que aún no han sucedido. “Os invito a adentraros en algunos de sus laberintos mentales y a esos nudos que, por distintas razones, nunca logramos desatar.” (Reseña)
Pueden leer algunos poemas aquí.
© Título de la imagen: «Resonancias». Tinta sobre cartulina. Laura Santiago Díaz.
Hubo un tiempo en el que dormir era una fiesta pero últimamente los sueños tienen la boca grande y la garganta profunda y muchas nos despertamos pensando en que la esperanza nunca ha sido tan gris.
Sí, llega un momento en el que las cuentas ya no nos salen. Un buen día descubrimos que el saldo nunca estuvo a nuestro favor y el miedo a estar fuera de nuestro propio alcance nos asalta.
Es fácil sucumbir ante la idea de que nos tienen la vida intervenida, pero siempre nos quedan las salidas de emergencia, esas que durante aquellas noches blancas nos guardamos en el fondo de nuestra chistera.
Tenemos miedo, señoras y señores. Miedo a la altura que está alcanzando tanta bajeza. A que la desidia y el desencanto nos delaten y lleguemos a parecernos tanto a nuestra sombra que nos confundamos con ella.
Con el tiempo, algunas acariciamos nuestras cicatrices y añoramos las heridas. El sistema lo sabe. La ignorancia es rentable, por eso sobrealimentan nuestro miedo al futuro. Es más fácil convencer a quienes no tienen memoria, a quienes no quieren salirse del perímetro de su falso confort.
Mañana, algunos tendrán que conformarse con lamer la medalla concedida a su desmérito, con morder los trozos de su espejo roto. Pero que no nos engañen. El futuro ha echado a volar las páginas de nuestro guion y no estaban numeradas. Veámoslo como una oportunidad para poder partir de cero y mejorar la historia.
© Laura Santiago Díaz
(Fuente de la imagen: https://bit.ly/2E5CdN3)
Quién nos diría, hace apenas unos meses, que cada día íbamos a amanecer con la incertidumbre tan presente. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿El detonante fue, como cuenta la leyenda, que un chino se comió un murciélago? Todos estaremos de acuerdo en que sea como sea, la película empezó mal y todos deseamos que termine mejor.
Sí, por una vez el tiempo está poniendo algunas cosas en su sitio ¿dónde están ahora todos esos valientes que sólo saben destrozar a pedradas los tejados ajenos? ¿Qué cuento nos creemos? Nadie ha sido educado para sortear las minas de este campo. Algunos no nos hemos visto nunca ante tan poco cielo al que implorar misericordia. Se yuxtaponen las cruces en los mapas y el virus tampoco entiende de clases sociales. Ahora, nos toca ocupar nuestro “no lugar”, aunque a algunos -a los de siempre-, lo único que les preocupa es poder sufragar sus gastos.
Tendremos que agarrarnos fuerte a alguna mentira, suplicar su cobertura y armarnos de estoicismo hasta que amaine la tormenta. Pero, sobre todo, deberíamos llevarlo con la máxima discreción. Al final, todos tendremos que jugarnos la vida al solitario. Aquí no importan tus años de experiencia, ni lo profunda que sea tu esperanza. Ahora, todos somos jueces y parte de un puzle líquido. Ya no nos avalan los pájaros en mano -me alegra comprobar que, por una vez, acertamos quienes siempre apostamos por los cientos volando-.
Ojalá que después de esta deriva, alcancemos una orilla en la que quepamos todos. Mientras tanto, cuidemos del único mango que tiene esta sartén. Si el horizonte aún no se ve, tendremos que pintarlo. Ahora, no tiene sentido ninguna desproporción. Blanqueemos el interior y que se pudran las fachadas. Salvemos sólo lo imprescindible, que es nuestra dignidad. El resto, ya se lo repartirán los buitres.
Dejemos de mirarnos el ombligo, ahora todos somos capitanes de este barco y nos toca remar hacia el único puerto que sigue en pie. Está en juego la vida y eso es muy serio. Algún día le tocará al enemigo tener miedo del antídoto que acabará con él. Mientras tanto, atrincherémonos en casa. Ya imagino los titulares y se me llenan de olas los ojos.
© Laura Santiago Díaz