«La cita que transita», Cesare Pavese (domingo, 24 de mayo de 2026)

“Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante”, extraída de “El oficio de vivir”, del Cesare Pavese, era la cita que proponíamos esta semana a nuestros oyentes. Y con ella, les invitábamos, a reflexionar acerca de la vida como celebración de lo cotidiano: porque, que nos despertemos cada mañana y que nuestro cuerpo, siendo algo tan complejo, funcione, —aunque con nuestros achaques—, es un milagro, o que le demos al interruptor de la luz y se encienda la bombilla, o que levantemos la manivela del grifo y salga agua potable es algo que damos por sentado, pero no lo es…

“El oficio de vivir” de Cesare Pavese, quizá sea una de sus obras más valiosas y, sin duda, recomiendo su lectura a quienes se quieran dedicar a escribir. Y la cita elegida viene de un párrafo que dice así:

«La única alegría en el mundo es comenzar. Es bello vivir, porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante. Cuando falta este sentimiento —prisión, enfermedad, costumbre, estupidez—, querríamos morirnos».

Y es que, hay escritores que inventan mundos y luego están quienes intentan comprender por qué este sigue girando o por qué pesa tanto y Pavese, sin duda, pertenecía a los segundos. Nacido en el Piamonte rural en 1908, fue poeta, novelista y traductor, entre otros, de Melville, Dos Passos, Faulkner o Hemigway, además de uno de los grandes intelectuales italianos de la posguerra. Estas traducciones tuvieron una enorme influencia sobre su estilo: economía expresiva, sobriedad, predominio de la acción concreta, diálogo contenido, y rechazo de la retórica excesiva. Algo que también queda reflejado incluso en su poesía. Prueba de ello es su famoso poema “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, que ha sido cantado tantas veces.

En 1935 fue arrestado por el régimen fascista y enviado al confinamiento político en Calabria. Y esa experiencia será un temas esencial en su obra.

Entre sus principales obras narrativas destacan sus cuentos y las novelas: La luna y las fogatas, Un bello verano, Entre mujeres solas, La casa en la colina y Diálogos con Leucó.

Pavese fue un observador obsesivo de la experiencia humana.

En él, la literatura nunca aparece separada de la vida y escribir no era una profesión, sino una forma de resistencia. De su diario se desprende la idea de que la infancia no termina nunca. En una de las entradas dice: “Cambian las ciudades, los cuerpos, los trabajos. Pero seguimos buscando el mismo lugar donde alguna vez sentimos que el mundo tenía sentido.”

Yo lo descubrí hace ya muchos años y regreso a él de vez en cuando porque habló de algo que todavía nos acompaña: la dificultad de habitar el mundo sin sentirnos extranjeros en él. Y porque entendió que escribir no consiste en adornar la vida, sino en mirarla hasta el fondo y a eso me gustaría invitar a nuestros oyentes esta semana con la cita de hoy.

En 1950 recibió el Premio Strega, el más importante de Italia. Ese mismo año se suicidó en la habitación 49 del hotel Roma de Turín, tal vez, como escribió Italo Calvino, “se quitó la vida para que nosotros aprendiéramos a vivir”.

La última anotación de “El oficio de vivir” quedó como una de las frases más estremecedoras de la literatura europea contemporánea:

“No palabras. Un gesto. No escribiré más.”

Os dejo el enlace al programa:

https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia?cat=32571

«La cita que transita», Lana Corujo (domingo, 10 de mayo de 2026)

“Lo que no se puede llegar a recordar se olvida o se inventa”, extraída de “Han cantado bingo”, de Lana Corujo, es la cita que ponemos a transitar en este programa y con ella, quiero abrirles a los oyentes una pequeña puerta, como la que nos abre la poeta canaria, que debuta en narrativa con en esta curiosa novela, “Han cantado bingo”, que está conformada por voces y por estancias donde el pasado se queda suspendido como el polvo cuando cae la luz en esas interminables tardes de verano de la infancia.

Se trata de una historia que dibuja el mapa emocional de una niña que observa más de lo que puede comprender y que, después de una tragedia familiar, intenta encontrar su lugar entre la culpa, el deseo de protección y la necesidad de construir un relato propio sobre lo vivido.

Un libro que, además, no avanza en línea recta, sino como lo hace la memoria: a golpes de intuición, de elipsis y de difuntos que no terminan de marcharse. La autora crea un juego en el que involucra al lector, para poder seguir la historia y junto al título de cada capítulo, coloca un número, que equivale a la edad que tiene la protagonista en el momento en el que narra ese fragmento (del 1 al 90, como los del bingo).

Está narrada en primera persona y la voz, se adapta a la madurez o a la ingenuidad del personaje según su edad y  momento vital.

Otro aspecto interesante es que el dialecto canario aparece a lo largo de toda la narración, lo que establece un estrecho vínculo con Lanzarote, que es donde transcurre la historia.

De sus páginas se desprende la ternura de una relación fraternal que emerge de donde parece imposible, sin hurgar en la herida ni caer en el victimismo, con ese humor blanco que caracteriza a la inocencia.

Y con la cita de hoy, invito a nuestros oyentes a reflexionar acerca de: ¿qué hacemos con aquello que ya no podemos recordar del todo?

Porque tal vez, escribir sea exactamente eso. Tender un puente entre lo vivido y lo soñado. Completar con palabras los huecos que deja la memoria.

Puede ser un una conversación que nunca tuvo lugar, un recuerdo falso que, aun así, duele como si hubiera sucedido, porque a veces inventar, también es una forma de recordar y unas pocas líneas bastan para encender una vida entera.

Porque hay recuerdos que desaparecen y otros que sólo sobreviven o solo existen cuando alguien se atreve a escribirlos. Hay un tema del último disco de Fito, “Los cuervos se lo pasan bien”,  en el que dice “Y me inventé una vida porque sino tendría que haber copiado la de cualquiera”.

Podéis escuchar el programa completo en el siguiente enlace:

https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia?cat=32571

«La cita que transita», Richard Wagner (domingo, 3 de mayo de 2026)

«Querida madre, sé que si todo lo demás me abandonara, seguirías siendo mi último refugio», extraída de “Carta de Richard Wagner a su madre”, publicada en el libro “Cartas a la madre”, Edición de Nicolas Bersihand, es la cita que proponemos hoy en La Versalita.

Y hoy, que celebramos el Día de la Madre, una fecha que, más allá de lo simbólico o lo comercial, nos invita a detenernos en una figura que la literatura ha explorado con una intensidad inagotable.

Y si algo nos enseña la literatura contemporánea es que ya no basta con idealizarla. Porque la madre no es solo un personaje: es origen —el primer hogar—, es refugio, sacrificio y a veces, herida. Una figura compleja, llena de matices y contradicciones.

La Literatura, poco a poco, ha ido desmontando el mito de la madre perfecta que, aunque haya sido tierra fértil en los versos y pan compartido en las novelas, con el tiempo nos ha enseñado que también hay distancia, cansancio, incluso rechazo. Que maternar no siempre es un acto luminoso, sino también un territorio de conflicto.

Y esta semana, Mariló, me gustaría proponerles a los oyentes escribir una brevísima carta a la madre, en la que le resuman aquello que le dirían si solo contaran con diez o doce líneas para poder expresarlo.

En “Cartas a la madre”, editado por Nicolas Bersihand y publicado por Penguin, se recogen más de cien cartas escritas por personajes célebres, que van desde Mª Antonieta, hasta Mozart, Eugenia de Montijo, Lorca, Machado, Emily Dickinson, Proust, Flaubert, Freud o Gabriela Mistral.

Algunas son verdaderas declaraciones de amor, de las que se desprende ternura, emoción y gratitud, mientras que otras, están llenas de confidencias, secretos, reproches o mensajes de duelo. Con algunas me emocionado y con otras me he divertido muchísimo, como con la de Verlaine, escrita el 4 de julio de 1873, que puerilmente, comenzaba su misiva diciéndole: “Madre, ¡He decidido matarme si mi mujer no viene en tres días!… Pero todas ponen de manifiesto que, en cualquier época y circunstancia, el vínculo materno es único y eterno.

Y quizá por eso sigue siendo un tema tan poderoso: porque en la maternidad se cruzan el umbral y la identidad, el amor y la pérdida, lo que somos… y a veces, lo que intentamos dejar atrás.

Y tal vez hoy, en este Día de la Madre, la mejor forma de celebrarlo no sea idealizar, sino comprender. Leer a las madres en la literatura como lo que son: personajes vivos y complejos, que nos ayudan a entender mejor nuestras propias historias.

Si quieren escuchar el programa, pueden hacerlo en el siguiente enlace:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2270392

«La cita que transita», María Zambrano (domingo, 26 de abril de 2026)

Este domingo, en “La versalita”, hemos dedicado unos minutos de La Cita que Transita a recordar a Sebastián Lasaosa Rogers, un joven cineasta que nos dejó el pasado año, y que siempre tuvo claro que el cine era el púlpito desde el que predicaba, y os propongo que le dediquemos nuestros textos a su memoria. La frase que proponemos está extraída de “Claros del bosque”, de la gran filósofa malagueña, María Zambrano: «Vivir es ir hacia lo que no se sabe»,

El 27 de abril, a las 18:30h. se proyectará en el Ateneo de Málaga su premiado documental “Liberando a Juanita”, y esperamos vuestra asistencia.

La cita de esta semana es de la gran María Zambrano, y está extraída de su obra “Claros del bosque” (escrita en 1977), quizá una de sus obras más líricas y profundas, donde desarrolla su idea acerca de la «razón poética» y del conocimiento, como revelación íntima.

La filósofa malagueña, nacida en Vélez Málaga en abril de 1904, fue discípula del pensamiento y de la vida y caminó entre la razón y la poesía para ofrecernos una forma distinta de comprender el mundo: una manera de pensar que escucha, que siente y que se abre a lo invisible.

Su vida estuvo marcada por el exilio, el silencio y la búsqueda. Y quizá por eso su pensamiento tiene algo de paseo lento, de mirada que se detiene y de palabra que nace con cuidado. En su obra, la filosofía deja de ser solo argumento para convertirse en experiencia.

En Claros del bosque, que para mí es una de sus obras más hermosas, nos invita a entrar —o mejor dicho, a despertar— en esos espacios de claridad que aparecen en medio de la espesura de la vida. Los claros del bosque son momentos de revelación, instantes en los que algo se ilumina, aunque sea brevemente, y nos permiten comprendernos de otra manera.

Y no son respuestas definitivas, sino destellos.

No son certezas absolutas, sino intuiciones.

Pausas donde el pensamiento respira y la vida se deja escuchar.

En tiempos de ruido y prisa, la voz de la autora nos propone algo sencillo y, a la vez, profundamente transformador: detenernos para permitir que la vida nos sorprenda.

Por eso, con la cita de hoy, quiero invitaros a abrir ese claro personal, y a dejar que esta frase resuene porque, como nos enseñó Zambrano, a veces la verdadera comprensión nace cuando nos atrevemos a avanzar hacia lo desconocido.

Os recuerdo que podéis enviar vuestros microrrelatos, (de no más de 7 u 8 líneas a laversalita @rtva.es), hasta el próximo viernes por la mañana.

Os dejo aquí el enlace del programa de hoy:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2268188

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