«La cita que transita», Stefan Zweig (domingo, 19 de abril de 2026)

«Quien vive demasiado tiempo consigo mismo corre el riesgo de dividirse», extraída de “Novela de ajedrez”, de Stefan Zweig, es la cita que proponemos esta semana y con ella, les sugiero a nuestros oyentes un ejercicio muy interesante, que es trabajar el conflicto interior.

Para ello, les recomiendo que imaginen a un personaje que haya pasado mucho tiempo en soledad, por cualquier razón, y que como consecuencia, empiece a sentir que dentro de él conviven dos versiones de sí mismo: por ejemplo, una que represente la razón y otra que represente el deseo (o cualquier otro contraste: miedo/valentía, pasado/futuro, orden/caos). Y por supuesto, podéis hacerlo en tono de irónico, surrealista, dramático, etc.

Y podríamos decir que hay escritores que cuentan historias, y otros que saben explorar y traducir el alma humana, y el autor del que hablamos hoy, Stefan Zweig pertenece a estos últimos. Nacido en la Viena brillante de principios del siglo XX, fue testigo del derrumbe de un continente culto y confiado que desapareció entre guerras, exilio y desarraigo. Esa pérdida marcó profundamente su obra, atravesada siempre por la fragilidad psicológica y la soledad del ser humano.

Judío y exiliado, se encontraba profundamente deprimido por la situación de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y por lo que él percibía como el fin de la cultura europea que tanto admiraba. Prueba de ello es que en “El mundo de ayer”, su autobiografía, escribió: «Nunca he amado tanto a nuestra vieja Europa como en el momento en que debía abandonarla».

El 22 de febrero de 1942 en Petrópolis, Brasil, decide poner fin a su vida, junto a su esposa, Lotte Altmann, ingiriendo una caja de barbitúricos. En su carta de despedida expresó su desesperanza ante el futuro y su cansancio tras años de exilio, un final trágico que contrasta con la lucidez y sensibilidad de su obra literaria.

En «Novela de ajedrez», escrita poco antes de su muerte, Zweig condensa esa angustia. La historia de un hombre aislado por la Gestapo, sin contacto humano, sin libros, sin tiempo, se convierte en una inquietante exploración de la mente. Para sobrevivir al vacío, el protagonista comienza a jugar al ajedrez contra sí mismo, gracias a un libro que consigue robar, en un descuido, de la chaqueta de uno de los soldados que le interrogan. Es en ese momento cuando aparece una de las frases más reveladoras de la novela, la cita de hoy: «Quien vive demasiado tiempo con uno mismo corre el riesgo de dividirse».

No es sólo una reflexión literaria, sino una advertencia. El autor sabía bien que el ser humano necesita del otro para mantenerse entero. En esa partida interior, el ajedrez se convierte en metáfora del siglo XX, pero también del conflicto más íntimo: la lucha por no fracturarse frente a la soledad.

Y con ella esta semana, os reto a trabajar la tensión psicológica de vuestros personajes paramostrar lo que ocurre dentro, algo que hicieron tan bien Virginia Woolf, Clarice Lispector, Stefan Zweig, Dostoyevski o Proust, entre otros muchos.

Os dejo el enlace al programa de hoy:
https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2266087

«La cita que transita», Agustín Gómez Arcos (domingo, 4 de abril de 2026)

“Seguir adelante es la única victoria posible”, una cita extraída de la novela “Ana No”, de Agustín Gómez Arcos, era la frase que proponíamos esta semana a nuestros oyentes, invitándoles a escribir una historia breve en la que llevaran a su personaje a una situación límite, una circunstancia extrema de la que, de alguna manera, logre salir victorioso. Porque, como nos recuerda la protagonista de Ana no, incluso en los momentos más difíciles, resistir ya es una forma de vencer.

Y hoy quiero compartir un consejo para quienes me preguntáis cómo acortar vuestras historias. Hay muchas formas de depurar un texto, pero quizá la más importante es recordar que a escribir se aprende borrando. Hace falta oficio, paciencia y dedicarle horas. Como decía Blaise Pascal en aquella famosa frase: “Perdona que te escriba esta carta tan larga, es que no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Y es que la brevedad exige precisión. Y como los textos que enviáis al programa deben ser breves, lo ideal es que el conflicto aparezcan ya desde el principio, en la 1ª o, como mucho, en la 2ª línea. Por ello, os recomiendo comenzar “in media res”, es decir, en mitad de la acción: cuando el personaje ya tiene el agua al cuello, está huyendo, a punto de saltar o enfrentándose a una decisión irreversible. Por ejemplo: “En aquel momento supe que si soltaba su mano, la perdería para siempre”. De este modo, atrapáis al oyente o al lector desde el primer instante.

Y precisamente de resistencia supo mucho Agustín Gómez Arcos, el autor que inspira la cita de esta semana. Nacido en Enix, Almería, en 1933, su vida estuvo marcada por el exilio y la lucha por la libertad. Triunfó en Francia y, sin embargo, durante muchos años fue injustamente olvidado en España, donde quedó arrinconado entre los llamados escritores malditos. Afortunadamente, en las últimas décadas su obra ha sido recuperada y hoy está considerado como una de las voces más importantes del exilio literario español.

Durante los años sesenta, Gómez Arcos comenzó escribiendo teatro en nuestro país, pero sus obras fueron censuradas. Ante esa falta de libertad, decidió exiliarse a París en 1966. Allí comenzó una nueva etapa, escribiendo directamente en francés y alcanzando un gran reconocimiento internacional. De hecho, en Francia cada nueva novela se recibía con un curioso ritual: el chófer del presidente de la República acudía a su casa para recoger un ejemplar dedicado, ya que François Mitterrand admiraba profundamente a aquel autor español que escribía en francés, quizá porque su voz nacía desde la herida y la dignidad.

Leer a Agustín Gómez Arcos es asomarse a una literatura valiente, necesaria y profundamente humana. Una escritura que nace desde la herida, pero también desde la resistencia.

Su exilio fue decisivo tanto en su vida como en su escritura. Desde fuera de España desarrolló un estilo duro, directo y profundamente poético, centrado en la memoria, la injusticia, la represión y el sufrimiento tras la Guerra Civil. Sus novelas, “Ana no”, “El cordero carnívoro”, “María República” “El niño pan” o “El ciego”, entre otras, están protagonizadas, a menudo, por personajes marginados, silenciados o derrotados, pero dotados de una enorme decencia.

Y esa idea es la que quiero trasladaros esta semana: llevad a vuestro personaje a una situación límite, haced que resista, que se enfrente al miedo, que encuentre dignidad incluso en la derrota. Porque, a veces, resistir… ya es una forma de vencer.

Y como siempre, os dejaré más información en mi blog: laurasantiagodiaz.es.

¡Ánimo con esos relatos!

(Gómez Arcos murió como un escritor prestigioso y fue enterrado en el cementerio de Montmartre. Publicó 14 novelas en francés, recibió numerosos premios literarios y fue condecorado con la Orden de las Artes y las Letras francesas en grado de caballero y, posteriormente, de oficial. Además, su obra forma parte del programa educativo de los liceos franceses, algo que demuestra el reconocimiento que alcanzó fuera de nuestras fronteras).

Su exilio fue decisivo tanto en su vida como en su escritura. Desde fuera de España desarrolló un estilo duro, directo y profundamente poético, centrado en la memoria, la injusticia, la represión y el sufrimiento de los vencidos tras la Guerra Civil. Sus novelas están protagonizadas a menudo por personajes marginados, silenciados o derrotados, pero dotados de una enorme dignidad.

Entre todas sus obras destaca Ana no, publicada en 1977. La novela narra el viaje de una mujer de 75 años que atraviesa España para visitar a su hijo encarcelado tras la guerra. Durante ese recorrido, la protagonista recuerda la muerte de su marido y de otros hijos, víctimas de la violencia y la represión. Es una obra breve pero intensa, escrita con un lenguaje contenido, casi austero, que transmite una enorme carga emocional. A través de ese viaje, Gómez Arcos construye un poderoso retrato de la posguerra española, donde la memoria, la dignidad y la resistencia se convierten en los grandes temas que atraviesan la historia.

Además de esta novela, nos dejó una obra breve pero muy intensa, con títulos como El cordero carnívoro, una novela provocadora sobre la represión moral y la violencia familiar en la España franquista; María República, que encarna la memoria de la Segunda República y la derrota tras la Guerra Civil; Escena de caza (furtiva), donde una cacería se convierte en metáfora de la violencia y el abuso de poder; El niño pan, que retrata la infancia marcada por el hambre y la pobreza de la posguerra; Un pájaro quemado vivo, sobre la persecución y la marginación social; o El ciego, una de sus últimas novelas, donde reflexiona sobre la memoria y la identidad.

Os dejo el enlace al programa:
https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2261514

«La cita que transita», Unica Zürn (domingo, 29 de marzo de 2026)

Con la cita de esta semana: «La locura no es más que una forma extrema de lucidez», extraída de “El hombre del jazmín y otros textos” de Unica Zürn.

invito a los oyentes a explorar, nada más y nada menos que en el laberinto de la mente humana y lo hago con una voz que no buscó ser comprendida… sino sentida: la de Unica Zürn, una de las autoras más interesantes e injustamente olvidadas de las vanguardias europeas.

Unica nació en Berlín en 1916, creció entre las sombras y las fracturas familiares, con un padre ausente, una madrastra insoportable y un hermano mayor que abusaba de ella y muy pronto descubrió que aquella realidad no era un territorio firme, sino algo que podía agrietarse… y transformarse. Pero Zürn no logró huir de esa grieta, sino que decidió arrojarse a ella, como queda reflejado en su impresionante novela “Primavera sombría”, un relato estremecedor, despojado de sentimentalismos o juicios morales.

Su vida dio un giro decisivo cuando, tras divorciarse de su primer marido, que la maltrataba, y perder la custodia de sus dos hijos, tuvo que huir a París en plena Guerra Mundial, donde entra en contacto con el círculo surrealista y donde, —para su desgracia, porque este sí que estaba loco— comienza su tortuosa relación con el artista Hans Bellmer, que la convierte en su musa. En el París de entonces, consigue encontrar un lenguaje que lejos de todo orden, celebraba el caos interior; un espacio donde su escritura y su obra gráfica, florecen con una intensidad impresionante. Porque, si su escritura es inquietante, sus dibujos automáticos lo son aún más. Trazados con una precisión casi obsesiva, sus imágenes parecen surgir de un lugar anterior al pensamiento consciente. Rostros que se multiplican, formas que se entrelazan, figuras que son al mismo tiempo orgánicas y imposibles.

En El hombre jazmín y otros textos, editado por WunderKammer, se recogen gran parte de sus relatos con algunas de sus ilustraciones, que no representan el mundo, sino que revelan lo que hay debajo.

Y en ambos aparece una constante: la disolución del yo. Porque Zürn no se presenta como una identidad fija, sino como un conjunto de fuerzas, de voces y de impulsos que se cruzan y se contradicen y su arte no intenta unificar esas partes, sino mostrarlas en su tensión.

Y quizá ahí reside su potencia: en no ofrecer consuelo.

Su vida estuvo atravesada por episodios de crisis mental, ingresos y una relación cada vez más frágil con la realidad compartida. Pero incluso en medio de esa oscuridad, su obra no deja de ser lúcida. Una lucidez incómoda, extrema, que mira allí donde normalmente apartamos la vista. En 1970 se quitó la vida, arrojándose por la ventana de su apartamento en París.

Y hoy, al acercarnos a su obra, no buscamos entenderla del todo —porque eso sería traicionarla—, os invitamos a que os dejéis atravesar por su lenguaje, a aceptar la incomodidad y a reconocer, aunque sea por un instante, esa zona incierta donde lo real y lo imaginario dejan de ser opuestos. Porque en ese lugar —inestable, oscuro, profundamente humano— sigue resonando la voz de Unica Zürn. Y tal vez, si prestamos suficiente atención, descubramos que esa voz… no nos es tan ajena.

Si queréis escuchar el programa, podéis hacerlo en el siguiente enlace: https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2259234

«La cita que transita» Magda Szabó (domingo, 22 de marzo de 2026)

La cita que ponemos a transitar esta semana en nuestro programa es la siguiente:

 “Cada persona tiene una puerta que nadie más tiene derecho a abrir.” Cita extraída de “La puerta”, de Magda Szabó

Les propongo a los oyentes escribir un relato que, como el título de la obra, se cierre con la cita que acabamos de escuchar, que reflexione en torno al respeto, algo tan necesario en los tiempos que corren. Y respetar al otro no es entenderlo todo, ni tener acceso a todo… es saber detenerse frente a esa puerta y no llamar siquiera.

La frase está extraída de una de las novelas más conocidas: “La puerta, de la autora húngara, Magda Szabó, que vivió gran parte del siglo XX entre guerras, censura y profundos cambios políticos. Durante muchos años, como tantas y tantos autores, ella no pudo publicar, y quizá por esa razón, su literatura aprendió a decir mucho con muy poco.

La protagonista de la historia es una escritora que relata su relación con Emerenc, una mujer orgullosa y enigmática. La novela está escrita como una larga confesión marcada por la culpa, donde ésta intenta comprender si intentar ayudarla fue en realidad, una traición.

Su estilo es claro, preciso y aparentemente sencillo, pero como sucede en el resto de sus novelas, lo más importante casi nunca se dice directamente: se intuye, se sospecha, se descubre en las entrelíneas.

Emerenc es un personaje inolvidable. Es orgullosa, dura, imprevisible. Una mujer que ayuda a todos en el barrio, pero que protege su intimidad con una determinación casi feroz. Nadie entra en su casa. Nadie cruza su puerta.

Y esa puerta —literal y simbólica— se convierte en el corazón de la novela.

Y aquí, Magda Szabó no escribe solo sobre una amistad, sino que nos lleva a plantearnos algo más profundo: dónde están los límites entre las personas; hasta qué punto comprendemos y conocemos la vida de los demás y cómo, incluso los actos de amor pueden convertirse, sin querer, en traiciones, puesto que hay territorios del alma que nadie puede invadir y cada persona tiene una puerta que solo ella, y quiénes ellas permitan pueden atravesar.

Y puede que precisamente por eso, tengamos la sensación de que la novela nos persigue, después de cerrarla. Porque en tiempos donde todo se expone y todo parece reclamable, recordar esto es casi un acto de rebeldía: ninguna persona nos pertenece, no todo debe ser contado, no todo debe ser abierto. Y quizá ahí, justo ahí, en lo que permanece cerrado, es donde empieza el verdadero respeto.

Podéis escuchar el programa en el siguiente enlace:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2256974