«La cita que transita», septiembre de 2026

Un paseo entre extrañezas y verdades

Septiembre echó a andar en La cita que transita de la mano de Jane Bowles, con esa sensación de desconcierto que nos invade cuando el mundo, de pronto, deja de hablarnos en un idioma comprensible: «El mundo y las personas se habían deslizado repentinamente más allá de su comprensión». Una invitación a adentrarnos en los territorios movedizos de lo cotidiano, allí donde lo conocido se vuelve extraño y las certezas comienzan a resquebrajarse.

Después llegó Carmen Laforet, que en Nada nos recordó que no siempre encajar es sinónimo de pertenecer: «Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos». Una mirada inconformista, una voz que se rebela contra la comodidad de lo establecido y busca, entre las grietas de la realidad, su propio lugar en el mundo.

En el tercer encuentro, Pedro Simón nos llevó hasta Los ingratos para poner palabras a ese territorio de la infancia donde la mirada ajena acaba moldeando quiénes somos: «Éramos lo que ellos decían y también éramos el qué dirán». Porque crecemos entre voces, juicios y expectativas; aprendemos a mirarnos en los ojos de los demás y, a veces, cargamos con una identidad hecha de lo que somos y de lo que esperan que seamos.

Y para despedir septiembre, apareció Camila Cañeque con Anuncios y una frase que pincha, con la precisión de una aguja, el globo de las apariencias: «Sé de qué va todo eso. Los que parecen grandes son pequeños por dentro». Una invitación a desconfiar de los escaparates, a mirar más allá del brillo y a recordar que el tamaño de las personas no siempre se mide por el espacio que ocupan, sino por aquello que guardan —o esconden— en su interior.

Cuatro voces, cuatro maneras de mirar y una misma travesía: la de quienes se sienten extraños, cuestionan lo establecido, se enfrentan al peso de las miradas ajenas y aprenden a distinguir la grandeza verdadera de sus disfraces. Así ha transitado septiembre por nuestras citas: entre desconciertos, memorias, inconformismos y pequeñas verdades que se quedan rondando, como esas palabras que, una vez leídas, ya no nos abandonan del todo.

Porque quizá, de eso se trate La cita que transita: de dejar que una frase nos encuentre, nos acompañe un trecho y, quién sabe, nos cambie ligeramente el rumbo.

Os recuerdo que podéis escucharnos cada domingo en Canal Sur Radio Andalucía, de 9:50 a 11:00h. Y si quieres acceder a todos los programas, puedes hacerlo desde el siguiente enlace: https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32571-buenos-dias-gente-de-andalucia-programas-completos.

Y en nuestro canal de podcast podrás disfrutar de todos los textos recibidos: https://audio.canalsurmas.es/videos/category/31634-la-cita-que-transita?cat=31635

«La cita que transita», Luis Landero (domingo, 14 de junio de 2026)

“Vivir es estar de camino hacia ninguna parte, y solo el viaje le da sentido a la existencia», cita extraía de “El huerto de Emerson” de Luis Landero, es la propuesta que le hacemos esta semana a nuestros oyentes.

Con ella, invito a nuestros oyentes a escribir, nada menos que acerca de los caminos y de la vida. Porque a veces viajar es solo una excusa: y el viaje y la búsqueda interior, es lo más interesante. Emprendemos caminos sin saber que, al final, lo importante no es el destino, sino en quiénes nos convertiremos mientras avanzamos.

Luis Landero es un autor a quien admiro porque, sin grandilocuencias, sabe hablar como pocos de la grandeza humana. Es de esas personas que sabe observar, y que escribe escuchando la música que esconde lo cotidiano y las vidas sencillas.

Nació en Alburquerque en el 48, en una familia humilde, marcada por el mundo rural extremeño, y esa memoria de la infancia, del esfuerzo, de los sueños y de las pérdidas ha acompañado siempre su literatura. Y su escritura parte de ese territorio donde la realidad y la imaginación se encuentran.

El autor ha construido una obra en la que sus personajes son, muchas veces, seres que desean ser otros, que miran hacia un futuro imaginado mientras intentan comprender las heridas del pasado. Son soñadores, aspirantes, buscadores de una vida más luminosa; personas que llevan dentro una novela que quizá nunca llegarán a escribir, pero que merecen ser escuchadas.

Con Juegos de la edad tardía alcanzó un lugar esencial en la narrativa española contemporánea. Después llegaron novelas como Caballeros de fortuna, El guitarrista o Retrato de un hombre inmaduro, donde volvió a explorar esa frontera misteriosa entre lo que somos y lo que imaginamos ser.

Entre las muchas lecturas que tengo pendientes este verano, está su última novela, “Coloquio de invierno”, y es un autor al que siempre regreso porque me encuentro con ecos de los grandes narradores, pero también algo muy suyo: esa mirada tierna y melancólica hacia quienes buscan una oportunidad.

Leer a Landero es entrar en una casa llena de voces: la voz de la infancia, la de los padres, la de los recuerdos, la de los sueños que se quedaron esperando. Y también, descubrir que, detrás de cada persona hay una historia secreta y que, a veces, la mayor aventura no está en cambiar de mundo, sino en aprender a mirar de otra manera el que habitamos.

La literatura de Landero nos recuerda algo esencial: que la vida cotidiana, cuando alguien sabe escucharla, puede convertirse en una extraordinaria novela.

Os dejo por aquí el enlace del programa:

https://audio.canalsurmas.es/videos/category/32570-buenos-dias-gente-de-andalucia

«La cita que transita», Stefan Zweig (domingo, 19 de abril de 2026)

«Quien vive demasiado tiempo consigo mismo corre el riesgo de dividirse», extraída de “Novela de ajedrez”, de Stefan Zweig, es la cita que proponemos esta semana y con ella, les sugiero a nuestros oyentes un ejercicio muy interesante, que es trabajar el conflicto interior.

Para ello, les recomiendo que imaginen a un personaje que haya pasado mucho tiempo en soledad, por cualquier razón, y que como consecuencia, empiece a sentir que dentro de él conviven dos versiones de sí mismo: por ejemplo, una que represente la razón y otra que represente el deseo (o cualquier otro contraste: miedo/valentía, pasado/futuro, orden/caos). Y por supuesto, podéis hacerlo en tono de irónico, surrealista, dramático, etc.

Y podríamos decir que hay escritores que cuentan historias, y otros que saben explorar y traducir el alma humana, y el autor del que hablamos hoy, Stefan Zweig pertenece a estos últimos. Nacido en la Viena brillante de principios del siglo XX, fue testigo del derrumbe de un continente culto y confiado que desapareció entre guerras, exilio y desarraigo. Esa pérdida marcó profundamente su obra, atravesada siempre por la fragilidad psicológica y la soledad del ser humano.

Judío y exiliado, se encontraba profundamente deprimido por la situación de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y por lo que él percibía como el fin de la cultura europea que tanto admiraba. Prueba de ello es que en “El mundo de ayer”, su autobiografía, escribió: «Nunca he amado tanto a nuestra vieja Europa como en el momento en que debía abandonarla».

El 22 de febrero de 1942 en Petrópolis, Brasil, decide poner fin a su vida, junto a su esposa, Lotte Altmann, ingiriendo una caja de barbitúricos. En su carta de despedida expresó su desesperanza ante el futuro y su cansancio tras años de exilio, un final trágico que contrasta con la lucidez y sensibilidad de su obra literaria.

En «Novela de ajedrez», escrita poco antes de su muerte, Zweig condensa esa angustia. La historia de un hombre aislado por la Gestapo, sin contacto humano, sin libros, sin tiempo, se convierte en una inquietante exploración de la mente. Para sobrevivir al vacío, el protagonista comienza a jugar al ajedrez contra sí mismo, gracias a un libro que consigue robar, en un descuido, de la chaqueta de uno de los soldados que le interrogan. Es en ese momento cuando aparece una de las frases más reveladoras de la novela, la cita de hoy: «Quien vive demasiado tiempo con uno mismo corre el riesgo de dividirse».

No es sólo una reflexión literaria, sino una advertencia. El autor sabía bien que el ser humano necesita del otro para mantenerse entero. En esa partida interior, el ajedrez se convierte en metáfora del siglo XX, pero también del conflicto más íntimo: la lucha por no fracturarse frente a la soledad.

Y con ella esta semana, os reto a trabajar la tensión psicológica de vuestros personajes paramostrar lo que ocurre dentro, algo que hicieron tan bien Virginia Woolf, Clarice Lispector, Stefan Zweig, Dostoyevski o Proust, entre otros muchos.

Os dejo el enlace al programa de hoy:
https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2266087