“Me marché / cuando la belleza huyó / sin la belleza / el resto, estaba muerto.” De La llama, El legado de Leonard Cohen. (Selección de sus cuadernos), y con ella, me gustaría invitaros a reflexionar acerca del concepto de belleza, que no siempre es la que se ciñe a los cánones, sino la que nos encontramos en esos pequeños detalles: una mirada, un gesto, un diente torcido, una llamada inesperada…Esos matices que son los que al final marcan la diferencia de nuestros textos, porque, aunque es cierto eso que dicen de que todo está escrito, les suelo recordar a mis alumnos que nadie lo habrá contado aún con sus palabras, y de eso, el autor del que estamos hablando hoy sabía mucho, pues con su voz grave y seductora, tuvo la maestría de transformar sus experiencias personales en arte atemporal, partiendo de temas tan universales como el amor, el deseo, la fe o la pérdida, con un lenguaje sobrio y simbólico.
En este programa, hemos tenido la suerte de que el maestro Gil de Gálvez nos ha tomado de la mano para viajar por parte de su inmensa obra musical (podéis acceder desde aquí a su sección).
Además de sus canciones y de sus fantásticos poemarios y libros de relatos, Cohen publicó dos novelas muy celebradas: “El juego favorito” y “Hermosos perdedores
La llama, es una recopilación de sus poemas, canciones, notas personales inéditas y dibujos, que acaba de publicar el sello Salamandra en castellano, —porque ya existía una edición en inglés de 2018.
De esta introducción, me quedé con una anécdota que me ha emocionado: cuando él, de pequeño, le pedía unas monedas para comprar unas chuches, él le decía que buscara en los bolsillos, o en los cajones…y recuerda que siempre se encontraba, por todas partes, papelitos, trozos de servilletas, de facturas de hoteles, billetes, todos con su distinguida caligrafía, en los que había anotadas frases, o fragmentos de poemas. Una vez, buscando algo en el congelador, se encontró con un cuaderno de notas que ya había dado por perdido. Escribir era una necesidad vital, el fuego que atendía, la llama que siempre avivaba. Y esta ardiente preocupación le duró hasta el final, como salmodió en su poderosa y serena despedida… “You Want It Darker” “Lo quieres más oscuro/apagamos la llama”, una obra maestra, con la que supo enfrentarse a la oscuridad con belleza y aceptación, una reconciliación con la vida y con la muerte.
Estoy segura de que la cita de Cohen, será una buena chispa con la que puedan prender esos relatos que estamos deseando disfrutar.
Si quieres escuchar el programa completo, puedes hacerlo desde aquí. ¡Hasta el próximo domingo!
Aprovechando que ya vienen de camino los magos de Oriente, hoy quería traer un poco de magia a la sección, con un autor que apostó por el uso lúdico y revolucionario de la fantasía en la educación y en la vida diaria y por abrir las ventanas de la imaginación, en lugar de las puertas establecidas.
Me refiero a Gianni Rodari, que fue maestro, periodista y divulgador de la nueva pedagogía en Italia. Empezó a escribir para niños en 1950 y publicó más de veinte libros, en los que combinó magistralmente el humor y la imaginación, con una visión irónica del mundo actual.
La cita de esta semana es: “Si quieren enseñar a pensar, deben antes enseñar a inventar.” y está extraída de uno de sus ensayos más conocidos, Gramática de la Fantasía, Introducción al arte de contar historias.
En 1970 recibió, por el conjunto de su obra, el premio más importante que se concede a la literatura infantil: el Hans Christian Andersen.
Su Gramática de la Fantasía, que ya se ha convertido en un clásico internacional de la literatura pedagógica, está centrado en la creatividad infantil, la libertad de la imaginación y el poder de las palabras para transformar la realidad, pero es curioso que también se haya tomado como manual de referencia en los talleres de escritura creativa para adultos.
A lo largo de sus páginas, Rodari afirma que la lógica nos puede llevar desde la A hasta la B pero que la imaginación, puede conducirnos a todas partes y asegura que «Los cuentos de hadas son ciertos, no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos enseñan que podemos vencerlos».
Yo siempre lo recomiendo en mis clases porque, además, muchos de los ejercicios que practicamos, como el binomio fantástico, la piedra en el estanque, etc., están inspirados en las consignas que él propone en su maravillosa gramática. En Italia, fue una figura muy similar a la de Gloria Fuertes en España, porque sus cuentos son muy divertidos y, al mismo tiempo, tienen una gran carga emocional y de compromiso social, que hace que gusten a niños y a adultos.
Esta semana hemos tenido un programa especial de Navidad de La Versalita —con villancico en directo incluido. Y, aunque sé que era un poco tarde, porque ya se había hablado mucho de él en todos estos días, en “La cita que transita” no quería dejar de rendirle mi humilde homenaje al eterno Robe Iniesta, líder de Extremoduro. Los versos propuestos son dos:
“Si el mundo arde, que arda por rebelde, no por cobarde” (…)
Hoy os voy a hablar con la sabiduría que me da el fracaso”, extraídos respectivamente, de los temas “Deltoya”, de Extremoduro y “Hablar con Sabiduría”, de Roberto Iniesta —en solitario.
El reto es que escribáis haciéndole un guiño al espíritu rebelde e inconformista del poeta extremeño. Os recuerdo que podéis enviar vuestros microrrelatos (de no más de 7 u 8 líneas) a laversalita@rtva.es
Y abríamos la sección escuchando «Ama, ama, ama que el alma ensancha», uno los muchos temas que han terminado convirtiéndose en himnosque además, es muy apropiado para estas fechas y una prueba de que detrás de esa imagen del Robe de las muchas “erres”: radical, rebelde e irreverente, también había un romántico —y qué difícil se nos hace hablar en pasado de alguien que siempre ha estado tan lleno de vida.
Y en relación con este tema, que compuso junto con Chinato, Robe alucinaría si supiera que el pasado domingo, Eduardo Dorado, el párroco de un pueblo de Burgos: Quintanilla de Riopico, habló a sus feligreses de su arte, recitándoles en mitad de la homilía parte de la letra de la misma vinculando su canción con lo que el Concilio Vaticano II llamaba las semillas del verbo (podéis pinchar aquí para ver la noticia).
Las pasadas semanas pasarán a la historia como unas semanas negras para el rock español, ya que nos han dejado Jorge Martínez, de Ilegales y Robe Iniesta, el líder de Extremoduro —y para el mundo de la cultura en general, pues también nos dejaron Raúl Malo, el cantante de los Mavericks, el gran Héctor Alterio o Rob Reiner, entre otros.
Desde muy joven, Iniesta mostró una gran pasión por la música, la poesía y la filosofía. Hace poco hablábamos en La Versalita de lo importante que era para un artista encontrar su estilo y él, sin duda, lo encontró muy pronto, combinando rebeldía, transgresión y visceralidad con pasión y emoción; conectando, como pocos con distintas generaciones, aunque, como todos los grandes, también tenía sus detractores, pues precisamente conquistó su popularidad desde la intransigencia, con un registro poético radical y canalla, sin concesiones a lo amable, pues siempre fue un inconformista, alguien que «sin patria y sin bandera, vivió siempre a su manera» y a quien «la corrección política siempre le pareció un disfraz para los malos».
En casa somos todos muy rockeros, sobre todo somos muy de rock español…Desde muy pequeños, hemos llevado a mis hijos al teatro, a recitales y a muchos conciertos, y hemos sentido su pérdida porque, tanto él, los Burning, Fito, 091, Los Secretos, Luz Casal, Tequila, Coque Malla y un larguísimo etc. son como de la familia y por eso, y porque sus letras, como las de Sabina o las de otros tantos, son poemas con mayúsculas y muchas de sus canciones, himnos, he querido sumarme a los muchos reconocimientos.
Algunas de sus canciones se han tildado de políticamente incorrectas, pero han sido la semilla de una nueva ola de bandas de rock que acercaron la poesía y la filosofía a los jóvenes, porque está claro que lo marginal o lo callejero no minimizan —en ningún caso— el apelativo de poesía.
En uno de sus temas, decía “Yo soy un poeta y mi vida, una letra que escribo en hojas en blanco”. Y lo repito, sé que se ha escrito y se ha hablado mucho de él en estos días —siempre pasa cuando los grandes se van— y reconozco que poco nuevo tengo que aportar.
Hace una semana, en El País leía en un artículo muy interesante de Isabel Rubio, en el que cuatro psicólogos habían analizado por qué sus letras habían tenido tanto éxito y habían concluido que quizá era porque se daba permiso para sentir en una sociedad que censura la tristeza, porque nunca tuvo miedo a hablar desde la herida, y eso es algo que conecta con todos los públicos, porque cualquiera de nosotros, a cualquier edad, se ha visto en una situación similar, y él ha sabido reírse como nadie de su propio dolor, de su enfermedad y de la muerte.
Llevé al programa, —aunque no hubo tiempo para comentarlo—, un ejemplar de la Revista Litoral, del año 89, al que le tengo muchísimo cariño porque es una auténtica joya dedicada precisamente a “La poesía del Rock”, que arranca con un artículo muy interesante de Miguel Ángel Fernández, en el que cuenta cómo nace el mismo de la mano de esas letras reivindicativas de la generación beat, con Allen Gisberg, Keruac, etc. Este recopila interesantes artículos y más de un centenar de los mejores poemas del rock internacional, desde John Lennon, Bob Dylan, a Leonard Cohen, la gran Patty Smith, Janis Joplin, Alice Cooper o Nick Cave, entre otros muchos. De él bebí mucho en mi juventud y descubrí a grandes poetas, a quienes sigo desde entonces.
Y volviendo a Robe, en 1987 fundó Extremoduro, con los que publicó discos esenciales en los 90 como Deltoya, Agila, Canciones prohibidas y Yo, Minoría Absoluta, junto a Iñaki ‘Uoho’ Anton, y ese sonido de tan característico, guitarras dobles, a lo Thin Lizzy con el que crearon escuela, como recordaba hace unos días, mi gran amiga la periodista Isabel Guerrero, especializada en periodismo musical.
En la nota que su familia y su equipo enviaron a los medios, expresaron que se trataba de la más triste de sus vidas, pues con ella despedían a quien consideran «el último gran filósofo, humanista y literato contemporáneo de habla hispana».
Y como decía, poco nuevo tengo ya que añadir, pero me gustaría terminar esta entrada animando a los oyentes a que esta semana escriban, recordando su filosofía y también sumándome a aquel mítico discurso que pronunció cuando le concedieron la Medalla Extremadura, reivindicando más espacios culturales para los jóvenes de nuestra comunidad y en Málaga en particular: más locales de ensayos, más salas para clubes de lectura, talleres de escritura, de teatro. Hay muchos centros para la tercera edad, y me parece genial, pero, ¿qué pasa con nuestros jóvenes?
Me encuentro con multitud de centros del ayuntamiento cerrados. Llevo diez años viviendo cerca del Parque del Oeste y hay un local increíble, perfectamente montado y amueblado, que no se usa, ¿por qué no les damos vida a ese y a otros tantos espacios para nuestros jóvenes creadores? ¿A qué esperamos? Pues como escribió él:
Esta semana, en “La versalita” he hablado de Ben Clark y de su libro “Mecánica poética” y la propuesta que os hago es escribir a partir de lo que os sugieran los primeros versos de su poema “Ceres” —incluido en “La policía celeste”:
“Admiro a los amigos que hacen pan y los cuido y protejo con conjuros inventados”.
Por cierto, no dejéis de leer el poema, que es un canto a la amistad (podéis escucharlo, recitado por el autor en el enlace del programa de hoy).
Os invito a hacer un plagio creativo, haciendo todos los cambios que queráis. Así, podéis tomar las dos primeras palabras “Admiro a” y sustituir la palabra “amigos” por lo que se os ocurra, por ejemplo: admiro a mi madre, o admiro a los que llegan a fin de mes con 400 euros, admiro a mi vecino del segundo, o admiro a mi gata, etc…
Ben Clark es uno de los poetas españoles contemporáneos mejor reconocidos por la crítica. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Hiperión, El Ojo Crítico de Radio Nacional de España o el Loewe.
Además es un reconocido traductor de poesía, ha traducido la obra poética de autores de la talla de Edward Thomas, Anne Sexton, o Saul Williams, entre otros muchos.
Por otro lado, es patrono de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores de Córdoba y tutor de poesía de los residentes becados y, desde 2020, imparte la asignatura de Poesía en el Máster Virtual de Escritura Creativa de la Universidad de Salamanca.
Actualmente dirige desde Mérida, el sello editorial Isla Elefante, especializado en poesía contemporánea.
Ha impartido talleres de creación poética en España, Reino Unido, México, Uruguay, Colombia, República Dominicana y Corea del Sur.
También es miembro de los jurados de algunos de los más prestigiosos premios de poesía nacional. Premio de Poesía Generación del 27, el Premio Loewe, el Premio de Poesía José de Espronceda, el Ciudad de Palma, el Premio Ciudad de Estepona, el Premio de Poesía Vicente Núñez o el Hiperión.
Nos conocimos hace ya algunos años en La Térmica, en una Noche de los Libros y y el año pasado aprovechando que estaba de gira por España promocionando su último libro “Mecánica poética”, le invité a asistir a mis talleres, porque en todos los años que llevo impartiendo clases, me he dado cuenta de que la poesía sigue siendo un género al que se le tiene mucho respeto, quizá porque no nos han enseñado a leer poesía, y Ben ha recogido parte de su experiencia como docente de esos talleres de poesía en su libro, “Mecánica poética. Cómo leer y escribir poemas», donde nos explica cómo afrontar esos dos retos, con un lenguaje muy cercano y ameno, acompañándolo con interesantes ejercicios prácticos.
Os dejo aquí el enlace del programa completo de hoy: