La última palabra

DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA

Hoy, en el día de la poesía, no traigo certezas, ni respuestas que puedan acallar el ruido del mundo. Traigo apenas un puñado de palabras. Porque mientras la barbarie alza la voz, yo elijo este gesto mínimo: nombrar lo que aún late, defender lo que aún es humano.

Este poema no detiene balas, pero es mi manera de resistir. No cambiará el mundo, pero es mi manera de negarme a aceptar su oscuridad, mi humilde forma de estar, de no mirar hacia otro lado, de creer —todavía— que la poesía y el amor también saben ganar. ¡Viva la poesía!

La última palabra

La poesía anida en los cables cortados del lenguaje

Y cuando todo parece perdido, ella vuelve a vencer,

mastica el hierro de las balas
y escupe pájaros encendidos, en mitad del humo.

Guarda lo frágil, lo que no sale en los mapas,
lo sostiene en silencio, para que no desaparezca

y recoge sílabas caídas, como quien junta agua

en mitad de un incendio que no cesa.

Nos enseña a escuchar lo que no grita,

a quedarnos quietos cuando todo empuja a huir,

a mirar despacio —como si el mundo

no fuera desechable ni urgente.

En tiempos de prisas y escaparates,

donde todo se compra y se olvida,

ella nos obliga a mirarnos en los ojos del otro

sin traducirlos a nuestra medida.

A habitar, aunque duela,

la intemperie de lo que somos.

Y de pronto las palabras dejan de ser ruido,

para ser puente, abrigo, grieta por la que respirar.

Porque quizá resistir no sea alzar la voz,

sino saber callar para escuchar mejor,

perder las costumbres para dar paso a la improvisación,

y recordar —en medio del absurdo—

que aún podemos nombrarnos, sin que duela

entendernos en el idioma de los gestos mínimos,

saber que entre ruinas, el amor escribirá la última palabra.

© Laura Santiago Díaz. Marzo de 2026

«La cita que transita» Mary W. Shelley (domingo, 1 de marzo de 2026)

El pasado domingo, 1 de marzo, “Mis pensamientos son como un tesoro sellado que no puedo confiar a nadie”, una cita extraída de “Mathilda”, de Mary W. Shelley, fue la cita elegida para proponer a los oyentes escribir acerca de esos pensamientos secretos que las mujeres guardamos con gran cuidado.

Porque cuántas veces la historia pidió a las mujeres ser eco y no voz, sombra y no llama, y sin embargo, cada pensamiento guardado es una semilla de futuro y un territorio conquistado.

Y evocamos la voz de Mary Shelley, una autora que escribió desde la pérdida y la memoria, conocida sobre todo por su novela Frankenstein, publicada en 1818, que está considerada entre una de las primeras obras de ciencia ficción.

Desde joven estuvo rodeada de ideas sobre ciencia, política y derechos humanos, influencias que marcarían profundamente su obra y esas huellas laten en cada página que nos dejó. Y si Frankenstein dialoga con la ciencia y el horror, Mathilda, publicada 140 años después de su muerte, nos conduce a un territorio más íntimo y desgarrador.

Es una obra breve, pero profunda, en la que la autora, heredera del romanticismo, convierte el paisaje en espejo del corazón humano y explora el duelo, la soledad y los vínculos prohibidos con una sensibilidad casi confesional.

Su estilo se vuelve aquí más silencioso y profundo. No hay monstruos visibles, sino tormentas del alma. La naturaleza —acantilados, cielos grises, mares inmóviles— refleja el estado emocional de los personajes, que  caminan por el mundo como fantasmas que buscan sentido en medio del silencio.

En Mathilda, la autora se atreve a explorar lo indecible: el peso de la culpa, el amor imposible, la necesidad de perdón.

Y es que Mary Shelley no solo imaginó criaturas extraordinarias, también retrató la fragilidad humana con una poesía oscura y luminosa a la vez.

Y en ese contraste, su voz continúa resonando, como el eco lejano de un corazón que se niega a dejar de sentir.

Os dejo aquí el enlace de la sección: https://www.canalsur.es/multimedia.html?id=2250122

«La cita que transita» Josefina Aldecoa (domingo, 15 de febrero de 2026)

Esta semana, en “La versalita” hemos recordado a Josefina Aldecoa, que el próximo 8 de marzo habría cumplido 100 años. La propuesta que os hago, es escribir a partir de lo que os sugiera la siguiente cita, extraída de “Historia de una maestra”:

Lo que no se comparte no deja huella ni nostalgia”. 

Con ella, quiero invitaros a escribir un microrrelato o un poema, desde la nostalgia de algún momento especial que adquiera sentido porque fue compartido. Os recuerdo que podéis enviar vuestros textos, (de no más de 7 u 8 líneas a laversalita @rtva.es), hasta el próximo viernes por la mañana. Todos los textos recibidos se están recopilando en el podcast “La cita que transita”, que podréis escuchar en la web de Canal Sur.

Hoy recordábamos a Josefina Aldecoa, una de las voces femeninas más interesantes de la narrativa española del siglo XX. El próximo 8 de marzo se cumple el centenario de su nacimiento.

Y esta semana os invito a escribir desde la nostalgia, a que vuestro personaje recuerde un momento aparentemente pequeño (una comida, un paseo, una canción) que solo adquiera sentido porque lo vivió con alguien más.

Para ello, os propongo que recurráis a alguna imagen sensorial (olor, sonido, textura) y que cerréis con una frase que muestre qué habría podido ocurrir si ese instante no se hubiera compartido.

Josefina Rodríguez Álvarez, que después del fallecimiento de su marido, Ignacio Aldecoa, adoptó su apellido, en su memoria, nació en La Robla (León) en una familia profundamente vinculada a la enseñanza y la cultura. Esa herencia marcó toda su vida y, por supuesto, su obra literaria. Siempre afirmó que ella fue maestra por vocación y escritora, por accidente.

Josefina siempre defendió la educación como motor de cambio social. En los años 50, fundó el Colegio Estilo, un proyecto educativo innovador inspirado en los ideales de la Institución Libre de Enseñanza.

Como escritora, comenzó publicando relatos, pero alcanzó gran reconocimiento con sus novelas, que tienen un fuerte componente autobiográfico y reflejan la memoria personal y colectiva de España.

Una de las más conocidas es Historia de una maestra, publicada en 1990, la primera de una fantástica trilogía que narra la vida de una joven docente durante la Segunda República y la Guerra Civil, a la que le siguen Mujeres de negro y La fuerza del destino.

Con un estilo impecable, sencillo, íntimo y muy emotivo, la autora nos muestra, a través de su protagonista, el entusiasmo, las dificultades y la tragedia de una generación truncada.

Sus historias no persiguen el artificio, sino conectar emocionalmente con los personajes. No gritan, sino que susurran desde la experiencia íntima de quienes la vivieron en silencio, como quien guarda un recuerdo frágil.

Alguien que escribió para comprender, para no olvidar y para que no olvidemos, y dio voz a mujeres que vivieron en silencio momentos decisivos de la historia de España.

Murió en 2011, pero su legado sigue vivo. Leer su obra nos invita a entender mejor nuestro pasado y a valorar la educación, la cultura y la memoria, como formas de resistencia.

Os dejo aquí el enlace del programa completo:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de andalucia/detalle/56290332.html?video=2245399

«La cita que transita» Hannah Arendt (domingo, 18 de enero de 2026)

“También en la lejanía mora la proximidad: / siempre queda un “haber sido.”, de Hanna Arendt (selección de sus poemas. Editorial Herder), son los versos que lanzamos esta semana en “La cita que transita”.

Os reto a tirar del hilo de la memoria para escribir a partir de alguno de esos recuerdos que os hayan marcado, de alguna manera, por alguna razón.Podéis enviar vuestros textos inspirados en ellos (de no más de 7 u 8 líneas) a laversalita@rtva.es

Hannah Arendt, la gran filósofa, historiadora, politóloga, socióloga, profesora de universidad y escritora​ alemana, de origen judío, nacida en Hannover en 1906 y fallecida en Nueva York en 1975, nos recuerda, con estos versos que lo que ha sido, permanece en la memoria y mantiene vivo el pasado.

Y esta semana, invito a los oyentes a tirar del hilo de la memoria, para que escriban a partir de un recuerdo que, de alguna manera, marcara su vida. Para ello, les recomiendo que antes de escribirlo, encuentren el sentimiento, es decir, que decidan qué emoción o tema central quieren transmitir con ese recuerdo (alegría, tristeza, nostalgia).

Aunque su obra poética no es tan conocida y esta no sea el centro de la misma, para ella la poesía ocupó siempre un lugar especial dentro de la cultura y del pensamiento.

Frente a la fragilidad de la acción y de la vida, el poema ofrece permanencia. Arendt valora la poesía como un espacio de libertad interior, donde el lenguaje no busca dominar ni convencer. Además, reconoce en el género lírico una capacidad única para dar palabra a lo indecible, especialmente tras experiencias límite como el totalitarismo y el exilio.

Así, la poesía conserva el mundo y la dignidad humana cuando la política fracasa.

Durante décadas, escribió poesía, algo que muy pocos sabían hasta que la editorial Herder la recopiló en el año 2015, publicando estos 71 poemas.

En palabras del editor, asomarse a sus obra lírica nos ayuda a entender mucho mejor sus ensayos. Sus versos son una expresión del sufrimiento que causa la pérdida: la infancia, la añoranza de la patria desde el exilio o el duelo.

Es una figura clave de la filosofía política del S. XX, y entre sus ensayos más importantes destacan: “Los orígenes del totalitarismo”, “La condición humana”, “Sobre la revolución” y “Eichmann en Jerusalén”.

En sus propias palabras, la intención de su pensamiento era «mirar la política con los ojos despejados de la filosofía»

Pero su obra no cae en el victimismo, porque, como ella defendió siempre, a pesar de la ruptura, el amor vence siempre. Para Arendt, el perdón juega el papel esencial de liberarnos de la espiral de venganza y del encadenamiento del pasado, algo esencial en la época histórica que le tocó vivir, y lo resume muy bien con esta cita: «Es más irrenunciable el amor, que insoportable el sufrimiento».

Os dejo el enlace al programa de hoy: https://www.canalsur.es/multimedia.html?id=2235586