La última palabra

DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA

Hoy, en el día de la poesía, no traigo certezas, ni respuestas que puedan acallar el ruido del mundo. Traigo apenas un puñado de palabras. Porque mientras la barbarie alza la voz, yo elijo este gesto mínimo: nombrar lo que aún late, defender lo que aún es humano.

Este poema no detiene balas, pero es mi manera de resistir. No cambiará el mundo, pero es mi manera de negarme a aceptar su oscuridad, mi humilde forma de estar, de no mirar hacia otro lado, de creer —todavía— que la poesía y el amor también saben ganar. ¡Viva la poesía!

La última palabra

La poesía anida en los cables cortados del lenguaje

Y cuando todo parece perdido, ella vuelve a vencer,

mastica el hierro de las balas
y escupe pájaros encendidos, en mitad del humo.

Guarda lo frágil, lo que no sale en los mapas,
lo sostiene en silencio, para que no desaparezca

y recoge sílabas caídas, como quien junta agua

en mitad de un incendio que no cesa.

Nos enseña a escuchar lo que no grita,

a quedarnos quietos cuando todo empuja a huir,

a mirar despacio —como si el mundo

no fuera desechable ni urgente.

En tiempos de prisas y escaparates,

donde todo se compra y se olvida,

ella nos obliga a mirarnos en los ojos del otro

sin traducirlos a nuestra medida.

A habitar, aunque duela,

la intemperie de lo que somos.

Y de pronto las palabras dejan de ser ruido,

para ser puente, abrigo, grieta por la que respirar.

Porque quizá resistir no sea alzar la voz,

sino saber callar para escuchar mejor,

perder las costumbres para dar paso a la improvisación,

y recordar —en medio del absurdo—

que aún podemos nombrarnos, sin que duela

entendernos en el idioma de los gestos mínimos,

saber que entre ruinas, el amor escribirá la última palabra.

© Laura Santiago Díaz. Marzo de 2026

«La cita que transita» Han Kang (domingo,15 de marzo de 2026)

“Me aterra no poder enmendar las palabras una vez pronunciadas, que esas palabras sepan mucho más de lo que yo sé”, extraída de “La clase de griego” de Han Kang, es la frase con la que os invitamos a participar esta semana en nuestro espacio.

Y os propongo escribir alguna escena en la que reflexionemos acerca de algún momento en el que dijimos (o dejamos de decir) algo de lo que más tarde nos arrepentimos, y a que le prestemos especial atención a algo muy importante en la literatura y a lo que volveremos más adelante: los silencios.

Hablar de la autora surcoreana Han Kang es hablar del silencio. Cuando empezamos a leerla, enseguida notamos que su voz es como un susurro que nos lleva a detenernos y a escuchar. En 2024, la Academia Sueca le concedió el Nobel de Literatura, celebrando una obra que explora, con delicadeza y valentía, la fragilidad del cuerpo, el silencio, la memoria y el dolor.

Ella escribe como quien camina por un paisaje después de una tormenta: todo parece en calma, pero bajo la superficie late algo inquietante, que nos obliga a mirar de nuevo. Las palabras avanzan despacio, como si supieran que lo importante no es lo que se dice, sino lo que queda temblando después.

Su novela más conocida, La vegetariana, es una historia aparentemente simple: una mujer decide dejar de comer carne y eso se transforma en una grieta que atraviesa la vida familiar, social y emocional de quienes la rodean. A través de ese gesto silencioso, la autora nos habla de la resistencia del cuerpo, de la violencia cotidiana y de la dificultad de ser libre en un mundo que espera obediencia.

En otras obras como Actos humanos, Kang vuelve la mirada hacia la memoria histórica de Corea del Sur y hacia las heridas de la violencia colectiva. Allí su escritura se vuelve aún más luminosa y dolorosa, como si cada palabra tratara de sostener la dignidad de quienes ya no pueden hablar.

Sus novelas no increpan, observan. Y en ese acto, aparecen la violencia que atraviesa la historia, la soledad y la dificultad de habitar el propio cuerpo.

En La clase de griego, quizá una de sus obras más delicadas, asistimos al encuentro entre dos silencios: Una mujer que ha perdido la voz y un profesor que está perdiendo la vista. Entre ambos surge una relación extraña y hermosa, construida, no sobre lo evidente, sino sobre lo que falta. Ella se acerca al lenguaje, desde la pérdida, mientras que él se acerca al mundo, desde la oscuridad que avanza.

En definitiva, la obra de Han Kang no solo se lee, sino que nos invita a que escuchemos lo que dice el silencio y eso os propongo también, con el ejercicio de esta semana.

Podéis escuchar el programa en el siguiente enlace:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2254569

«La cita que transita» Carson McCullers (domingo, 8 de marzo de 2026)

Esta semana, en “La versalita” hemos dedicado el programa al Día de la Mujer y en La Cita que Transita he recordado a la gran autora sureña, Carson McCullers. La propuesta que os hago, es escribir acerca de la dignidad, a partir de lo que os sugiera la siguiente frase, extraída de fantástica novela “El corazón es un cazador solitario”:

“Nos vemos obligados a vender nuestra fuerza, nuestro tiempo, nuestra alma durante cada hora de nuestra vida”. 

Con la cita de esta semana invito a nuestros oyentes a reflexionar sobre algo que me parece vital: defender la dignidad. Y les reto a que pongan en valor algo a lo que la o el protagonista de su historia, no estaría dispuesta o dispuesto a renunciar jamás.

Carson McCullers, escribió relatos, ensayos, obras de teatro y novelas y está considerada, junto a William Faulkner, como una de las mejores representantes de la narrativa del sur de los Estados Unidos.

En el sur profundo de Estados Unidos, donde el calor pesa como un recuerdo y el silencio tiene voz propia, nació Carson, pequeña de estatura, pero inmensa en sensibilidad; una mujer adelantada a su tiempo, de alma frágil y mirada feroz.

Desde niña entendió que la soledad no era ausencia, sino un idioma. Y con apenas 23 años escribió, entre otras muchas obras, una novela impresionante: “El corazón es un cazador solitario”.

Entre sus páginas vive un pueblo del sur, polvoriento y detenido en el tiempo, donde conviven los incomprendidos, los que aman sin respuesta, los que gritan hacia adentro.

Un sordomudo que escucha más que nadie. Una muchacha que sueña con música. Hombres y mujeres que buscan, desesperadamente, alguien que los entienda. Pero el corazón —dice McCullers—, es un cazador solitario que busca sentido, amor y otro corazón que responda.

La vida de Carson también fue una lucha: enfermedades, pérdidas, amores difíciles, exilios interiores. Y aun así, escribió con una ternura casi dolorosa, como quien acaricia una herida para no olvidarse de que sigue viva.

Murió joven, después de sufrir durante toda su vida graves problemas de salud, pero dejó una verdad suspendida en el aire: la soledad no nos separa de la vida, nos revela. Y con la cita de esta semana, os invito a explorar la tensión entre supervivencia y autenticidad, entre necesidad y deseo, un territorio que la autora recorrió a lo largo de toda su obra: “La balada del café triste”, “Reflejos en un ojo dorado”, “Reloj sin manecillas”, “El aliento del cielo”, “¿Quién ha visto el viento?” o en sus maravillosos relatos.

Os recuerdo que podéis enviar vuestros textos, (de no más de 7 u 8 líneas a laversalita @rtva.es), hasta el próximo viernes por la mañana. Todos los textos recibidos se están recopilando en el podcast “La cita que transita”, que podréis escuchar en la web de Canal Sur.

Para más información podéis consultar mi blog: laurasantiagodiaz.es

Os dejo aquí el enlace de la sección:

https://www.canalsur.es/radio/programas/buenos-dias-gente-de-andalucia/detalle/56290332.html?video=2252324

«La cita que transita» Mary W. Shelley (domingo, 1 de marzo de 2026)

El pasado domingo, 1 de marzo, “Mis pensamientos son como un tesoro sellado que no puedo confiar a nadie”, una cita extraída de “Mathilda”, de Mary W. Shelley, fue la cita elegida para proponer a los oyentes escribir acerca de esos pensamientos secretos que las mujeres guardamos con gran cuidado.

Porque cuántas veces la historia pidió a las mujeres ser eco y no voz, sombra y no llama, y sin embargo, cada pensamiento guardado es una semilla de futuro y un territorio conquistado.

Y evocamos la voz de Mary Shelley, una autora que escribió desde la pérdida y la memoria, conocida sobre todo por su novela Frankenstein, publicada en 1818, que está considerada entre una de las primeras obras de ciencia ficción.

Desde joven estuvo rodeada de ideas sobre ciencia, política y derechos humanos, influencias que marcarían profundamente su obra y esas huellas laten en cada página que nos dejó. Y si Frankenstein dialoga con la ciencia y el horror, Mathilda, publicada 140 años después de su muerte, nos conduce a un territorio más íntimo y desgarrador.

Es una obra breve, pero profunda, en la que la autora, heredera del romanticismo, convierte el paisaje en espejo del corazón humano y explora el duelo, la soledad y los vínculos prohibidos con una sensibilidad casi confesional.

Su estilo se vuelve aquí más silencioso y profundo. No hay monstruos visibles, sino tormentas del alma. La naturaleza —acantilados, cielos grises, mares inmóviles— refleja el estado emocional de los personajes, que  caminan por el mundo como fantasmas que buscan sentido en medio del silencio.

En Mathilda, la autora se atreve a explorar lo indecible: el peso de la culpa, el amor imposible, la necesidad de perdón.

Y es que Mary Shelley no solo imaginó criaturas extraordinarias, también retrató la fragilidad humana con una poesía oscura y luminosa a la vez.

Y en ese contraste, su voz continúa resonando, como el eco lejano de un corazón que se niega a dejar de sentir.

Os dejo aquí el enlace de la sección: https://www.canalsur.es/multimedia.html?id=2250122